20 octubre 2007

La chofer del autobús

Iniciamos este taller de relatos llamado “La chofer del

autobús”,donde cada participante se convierte en el

artífice de poner nombre y dar vida a un pasajero de los

que Olga transporta diariamente.



Las colaboraciones las enviáis a los siguientes correos :

Lupe: lariex@msn.com

Javier : jmartinpedros@hotmail.com

LA CHOFER DEL BUS:

Olga siempre fue minuciosa y delicada con las cosas que le rodeaban.
Su infancia transcurrió jugando en el taller de mecánica que su padre tenia.
Así fue como surgió su afición por los coches. Casi todas las tardes después de llegar del colegio apretaba algún tornillo o arreglaba ruedas pinchadas.
No le hubiese importado seguir los pasos de su padre, pero éste siempre se negó.

Olga era una chica lista y responsable, independientemente de la mecánica sentía pasión por los idiomas,
Así que una vez terminado el instituto se matriculó en la universidad en la especialidad de filología inglesa.

Algunos veranos iba a Londres y alternaba alguna tarea extra a la vez que practicaba inglés.
Nunca se acostumbró al frío y al aspecto gris de la ciudad, pero decidió seguir allí.
Comenzó a dar clases de apoyo a chicas y chicos de un instituto, así se ganaba algún dinerillo extra.

Una tarde pasó por delante de una empresa de autobuses donde un anuncio solicitaba conductores. Al día siguiente dejó su currículum con la foto donde ella se sentía más guapa.
A las pocas semanas y tras una larga entrevista con el jefe de recursos humanos fue seleccionada para formar parte de la plantilla.

La empresa le había asignado inicialmente a Olga una línea tranquila de cercanía cuyo recorrido era de unos 15km, desde la ciudad hasta su destino.

Casi siempre subían los mismos pasajeros. Poco a poco Olga se fue fijando en cada uno de ellos.
En la forma de subir las escalerillas, si daban los buenos días, las buenas tardes, la forma de coger y pagar sus billetes; también observó como casi siempre se sentaban en los mismos asientos, se respetaban los sitios como si estuviesen abonados a los mismos.

Un día se le ocurrió imaginarse como serían sus pasajeros fuera del autobús, sus vidas, costumbres, preocupaciones…

Miguel era uno de ellos. .


RELATO DE MANUEL CANTERO.



En la parada frente a la tienda de chucherías, subió como cada día el hombre del bombín brillante. Apuesto, queriendo siempre lucir su palmito (aunque ya entraba en años). Ya sabía Olga que estaría allí. Era educado y cortés y, a la par que presentaba su bono de viaje, ofrecía disimuladamente a Olga alguna golosina que se había encargado de adquirir en aquel su punto de partida. Se cruzaban una sonrisa cómplice y caminaba a “su asiento”. Siempre encontraba allí a Miguel. – “Buenos días; ¿otra vez de viaje?






Y seguía entre ellos esa conversación anodina del tiempo que hace, de que hoy no iba el pasajero de la otra ventanilla, que Olga estaba cada día más atractiva...
Miguel era buen observador. Y notó que el amigo iba más pensativo y casi abstraído que otras veces. - ¿Le pasa algo? Lo encuentro menos vivo que otras mañanas.
- La verdad es que traigo el ánimo bajo.

- ¿Y eso...?
- Hoy me ha puesto el periódico mal cuerpo. Desde que le he echado el primer reojo me he topado con eso que llaman “noticias”, y que no hacen más que contar calamidades: un accidente mortal, una violencia doméstica, un joven que mata a tiros a sus compañeros...
- Sí: es trágico, asiente Miguel. Y lo que me pone peor a mí es que eso es lo que parece que vende más... Si es que no puedes ni ver la televisión... Pero me pregunto muchas veces: ¿Es que no hay noticias bonitas? ¿Es que no ocurre en el mundo nada bueno?
Olga había afinado el oído. Y con ella otros pasajeros que empiezan a intervenir en la conversación. Y Olga, con su desparpajo señala al sol que ya ha levantado bastante, y a esos chiquillos que van al colegio.. Y tercia en la charla:
- ¿Y esto no es noticia? La vida que empieza cada día o la que hay encerrada y en potencia en esos niños...
- Pero ahí está el caso. Que eso parece que ha salido por generación espontánea, y lo que debiera cuidarse es que esos ojos no se entornen con el aburrimiento de una vida sosa...
Y nuestro hombre sacó un buen recuerdo que había vivido la tarde anterior...; Miguel se acordó de esos matrimonios que se van a un país pobre para ayudar a sus gentes; la señora del asiento de más atrás trajo a colación el sinfín de gentes anónimas que cada día se desviven por otros, arriesgan, se dan con la mayor naturalidad...
Y como ya era la hora de empezar a bajar éste aquí y aquella en la parada siguiente, aquella conversación fue acabándose necesariamente.
Olga los vio bajar por el retrovisor, y pensó que en el autobús de la vida hay mucho más bueno que malo. Que merecía la pena seguir conduciendo y esperar que en el siguiente trayecto, subieran más pasajeros con los ojos limpios para ver que, en efecto, hay noticias gozosas en muchas esquinas, aunque no salgan luego publicadas.
Estaba ante un semáforo y ni se dio cuenta de momento que se había puesto verde como la esperanza.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Lleva usted toda la razón Manuel.Tenemos que reflexionar y saborear todas las cosas positivas que la vida nos regala.

Anónimo dijo...

Lupe y Javier:
No sé si habéis observado que la repetición del artículo inicial, que precede, no tiene operativo el acceso a COMENTARIOS. Lo que puede despistar a alguno. Ya sé que yéndose a su lugar primero, se entra sin problema.
Segundo:
No me dejéis de decir en "qué país" habéis situado la acción. Al final es la manera de que todos podamos saberlo y seguir subiendo psajeros al autobús de Olga.

AL ANÓNIMO:
¡Muchas gracias por tu apoyo!

Anónimo dijo...

Querido Manuel, el otro día le envié dos correos contestando a su pregunta y me vinieron devueltos ¿ ?.

Respecto a la observación : Algunos veranos iba a Londres y alternaba alguna tarea extra a la vez que practicaba inglés.


Nunca se acostumbró al frío y al aspecto gris de la ciudad," pero decidió seguir allí."
Comenzó a dar clases de apoyo a chicas y chicos de un instituto, así se ganaba algún dinerillo extra.

Pensabamos que estaba la ubicación clara, que se quedó en Londres.



Respecto al apartado de los comentarios voy a verlo, esto se nos hace un poco grande, pero seguimos en el empeño...



Gracias Cura por todo.



Un abrazo.



Le acabo de enviar este correo y me viene otra vez devuelto.

Utilizo este apartado ya que no tengo forma de enviarselo.



Otro abrazo.

Pedro Javier dijo...

Querido Manuel, pertenece a la misma entrada, así que lo he subido un poco para evitar el posible despiste.

Gracias.

Anónimo dijo...

Anónimo amigo:
Pues ya es raro que no entren los correoss
Por si acaso hubiera algún gazapo en la dirección (como una señora que se empeñó en poner "v" en vez de "b", la pongo aquí:
mcantero@probesi.org

Anónimo dijo...

Añadiré, caro anónimo, que yo estaba tan seguro que era en Londres, y por eso el "pasajero" nuevo fue el del "bombín brillante". Pero habrá que comprender que Olga y Miguel, en Londres en el mismo autobús, dejaban una puerta a que era una casualidad muy agradable. Ahora habrá que subir a Mr. White, etc., y que hablen cstellano..., ¡o que no hablen!, y más bien nos metamos en los pensamientos de Olga...