10 octubre 2008

JEAN-MARIE LE CLÉZIO, Nobel de Literatura

JEAN-MARIE GUSTAVE LE CLÉZIO


Nobel de Literatura


"Escribir no es sólo estar sentado en tu mesa contigo mismo, es escuchar el ruido del mundo"




ELPAIS.com 09-10-2008



"Novelista de la ruptura, de la aventura poética y de la sensualidad extasiada, investigador de una humanidad fuera y debajo de la civilización reinante", así califica la Academia Sueca la obra del nuevo premio Nobel de Literatura, el francés Jean-Marie Le Clézio (Niza, 1940). En 45 años de oficio, Le Clézio, un gran viajero fascinado por los mundos primarios, ha escrito una cincuentena de libros cargados de una gran humanidad, señalan los medios franceses. "Como todos los premios literarios, [el Nobel] significa ganar tiempo, resurgir, tener más ganas de escribir", ha declarado en la radio France Inter Le Clézio antes de saberse premiado.El autor considera que el galardón es "una respuesta" y señala que "escribe para ser leído y ser respondido". Le Clézio sonríe cuando se le insinúa que este premio le inscribirá con mayor presencia en la historia de la Literatura: "Todo eso es relativo, no hagamos de esto algo demasiado grande". En cuanto a su hipotético discurso de aceptación del premio, Le Clézio asegura que le gustaría que versara sobre las dificultades que tienen los jóvenes para que les publiquen, o las que tiene un autor que escribe en lengua criolla para traducir su pensamiento al francés y encontrar un editor fuera de su isla. "Por qué todo es tan difícil cuando uno vive lejos de un país grande, de un país con dinero", se preguntaba el Nobel minutos antes de saber que iba a ser premiado., Nobel de Literatura"Escribir no es sólo estar sentado en tu mesa contigo mismo, es escuchar el ruido del mundo"



Viajero, ecologista, enamorado de la cultura amerindia
Jean-Marie Gustave Le Clézio ha visto reconocida una obra compuesta por medio centenar de obras marcadas por su gusto viajero, por su sensibilidad ecologista y por su amor por la cultura amerindia. En su literatura, preocupada por rescatar palabras olvidadas del lenguaje cotidiano para darles un nuevo influjo evocador, Le Clézio ha dejado una obra reconocida en su país con los más importantes galardones, como el Renaudot o el premio de la Academia Francesa.
Nacido el 13 de abril de 1940 en la ciudad mediterránea de Niza, al sureste francés, hijo de una madre bretona y de un médico británico afincados en la isla Mauricio, los primeros años de la vida de Le Clézio están marcados por los viajes que hizo junto a su familia. Cuando su padre fue destinado a Nigeria durante la Segunda Guerra Mundial, Le Clézio escribió en el barco que le llevaba al país africano sus dos primeras obras, "Un long voyage" y "Oradi noir". Tenía sólo siete años.
El resto de su vida estuvo también marcada por los viajes, hasta que en 1964 descubrió México, un país que le fascinó y cuya cultura le enamoró. A principios de los años 70 decide alejarse de las grandes ciudades y pasar largas temporadas en América Central y en los últimos años vive a caballo entre su Niza natal, París y la ciudad mexicana de Alburquerque.
Le Clézio desarrolló pronto una intensa labor académica que le llevó por las universidades de Bristol, Londres, Perpiñán, Bangkok, México, Boston, Austin y Alburquerque. Su consagración literaria le llegó con tan sólo 23 años, cuando recibió el prestigioso premio Renaudot por "Le procès verbal", una obra que definía su literatura existencialista, próxima a Georges Perec y Michel Butor, admirativa de Michel Foucault y Gilles Deleuze.
En sus siguientes libros denuncia los problemas que provoca la vida en las grandes ciudades y pronto comienza a escribir obras de signo ecologista, como "Terra amata" (1967), "Le livre des fuites" (1969), "La guerre" (1970) y "Les géants" (1973).
En 1980 recibe un nuevo espaldarazo al recibir el premio de la Academia Francesa por "Désert", un evocador relato del contraste entre la grandiosidad de las culturas perdidas del norte de África y la mirada de los inmigrantes indeseados en Europa.
La proximidad con el norte de África le viene de su esposa Jemia, de origen marroquí, con la que contrajo matrimonio en 1975. A partir de ese momento, Le Clézio comienza a centrar su obra en el universo amerindio, una cultura en la que profundiza a partir de la traducción de obras como "Las profecías de Chilam Balam" o "El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido".
La temática de sus obras cambia, se centra en viajes y en mundos desconocidos y comienza a tener un gran éxito de ventas. En 1994 una encuesta le señala como el mejor escritor francés vivo.
(Tomado de el periódico español: EL PAÍS). 09.10.2008





ABC.es


JUAN PEDRO QUIÑONERO PARÍS
Actualizado Viernes, 10-10-08 a las 10:00


Al conceder el premio Nobel de Literatura a Jean-Marie Gustave Le Clézio (Niza, 1940), la Academia Sueca consagra definitivamente una metamorfosis histórica de la cultura francesa: la emergencia de una gran literatura escrita en francés por autores de muy distinta raza, nacidos fuera de la metrópoli, en Argelia, Marruecos, el Líbano, Isla Mauricio, la Guayana, el océano Índico o el Caribe.

En un aparte, rodeados de dos o tres centenas de fotógrafos, Le Clézio me resume su posición, a ese respecto, de este modo: «Yo elegí la lengua y la cultura francesa. Pero mi patria íntima, mi heimat, como dicen los alemanes, es Isla Mauricio, que está en el océano Índico. Mire usted… mi padre era inglés de familia bretona, emigrados a Isla Mauricio en el siglo XVIII. Estudié el bachillerato en Niza, pero pronto me marché a Londres y Bristol. Hice el servicio militar en Tailandia. He trabajado en México, en Nuevo México... Vengo de Corea, me marcho la semana que viene a Canadá. He pasado más tiempo fuera de Francia que en la metrópoli. En París soy un extranjero. Francia es mi patria de elección, por la cultura y la lengua. pero mi patria íntima es Isla Mauricio».

Y agrega: «Mire usted… yo hubiera podido instalarme en París, o en otro lugar de Francia, en un pueblo, en alguna región. Pero decidí instalarme en México, primero, y en los Estados Unidos, después. No tengo claro dónde viviré el año que viene. El dinero del Nobel me será muy útil: tengo algunas deudas. Al mismo tiempo, mi nomadismo geográfico tiene un límite cultural: decidí vivir y servir la lengua y la cultura francesas».

La treintena de libros de Le Clézio (novelas, ensayos, reflexiones, análisis) cuentan esa historia íntima: sus historias sobre la Francia metropolitana cuentan la historia de un extraño que busca otros mundos; sus historias sobre México, Nuevo México, África u Oriente cuentan el viaje de un escritor que escribe en francés pero busca y encuentra sus raíces escuchando las voces de otras culturas, otras civilizaciones.

Las culturas españolas pasan desde hace siglos por el diálogo de España con las Américas. Diálogo trágico, en ocasiones
Profesor en Albuquerque y Perpiñán, especialista en culturas mesoamericanas, apasionado de las culturas africanas, el escritor en lengua francesa pasa por París como un extraño en su patria administrativa.


—¿Cree que estamos asistiendo al nacimiento de una Francia mestiza..?
—Francia, su lengua y su cultura son el fruto de incontables mestizajes.
—Hay quienes piensan que la cultura francesa está en crisis.
—Tonterías. La lengua y la cultura francesa tienen hoy una vitalidad excepcional. Hay grandes escritores africanos, caribeños, magrebíes, que escriben en francés. Incluso en mi patria íntima, Isla Mauricio, hay un renacimiento cultural importante, a pesar del olvido de París al francés que se habla en aquella pequeña isla, en el Índico. También hay grandes escritores franceses que no han salido nunca de la metrópoli.
—En apariencia, por momentos, pudiera parecer que usted se ha interesado más por las culturas orientales, americanas y africanas que por las culturas de la vieja Europa.
—¡No..! Hace poco estuve en Suecia. Eso no tiene nada que ver con el Nobel, eh. Estuve en Suecia, y lo primero que hice en Estocolmo fue preguntar por la casa de Emanuel Swedenborg. Ya sabe, el genio sueco, científico, teólogo y filósofo. Y me enseñaron la casa donde Swedenborg hablaba con los ángeles. ¡Qué maravilla…! Esa comunicación con los espíritus de la tierra me recordó a otro gran poeta francés, senegalés, Senghor, que también hablaba con los genios, los ángeles y demonios de su tierra africana.
—En español, Borges sentía una gran pasión por Swedenborg.
—Sí. Las culturas españolas pasan desde hace siglos por el diálogo de España con las Américas. Diálogo trágico, en ocasiones.
—¿Hay un futuro para la cultura española en Estados Unidos?
—En Nuevo Mexico, donde yo vivo y he vivido, la mitad de la población habla español. Y también está floreciendo una literatura y una cultura que no sé si ustedes conocen bien en España.
—Las grandes novelas escritas sobre Nuevo México, pienso en la obra de Cormac McCarthy, evocan un mundo apocalíptico, donde bandas de criminales errantes ensucian con sangre derramada desiertos donde la vida humana está amenazada.
—Es cierto. Pero esa realidad desoladora va mucho más allá de Nuevo México. Yo mismo y algunos escritores amigos hemos denunciando los grandes desastres ecológicos, en el Golfo de México y por todas partes.
—¿Se trata de una nueva forma de literatura «comprometida»?
—La palabra «compromiso» está muy usada. Habría que entrar en infinitos matices. Mi primer compromiso, el compromiso de todo escritor, comienza con su lengua, con la cultura, con la belleza de todas las cosas de la creación.
—Habla usted como un budista.
—Es usted muy amable… no lo sé. El escritor, el escritor de novelas, dialoga consigo mismo, con otras culturas, con la naturaleza. Y ese diálogo íntimo también es un diálogo que debe aspirar a lo universal. Porque toda la naturaleza es hoy víctima de agresiones feroces.
Yo mismo y algunos escritores amigos hemos denunciando los grandes desastres ecológicos, en el Golfo de México y por todas partes
—No sólo la naturaleza.
—No. En ocasiones, cuando estoy de paso por Francia descubro ramalazos de violencia racista, que me recuerdan la Francia negra de mi adolescencia y juventud, cuando el racismo anti árabe tenía manifestaciones abominables.
—En su última novela, «Ritournelle de la faim», se cruzan los recuerdos sobre Isla Mauricio, confundiéndose con la memoria de una Francia en crisis.
—Más o menos. El libro se abre con una cita de Rimbaud, hablando de la «fiesta» y la angustia del hambre. Hay un poco de fresco histórico: historias familiares entre Isla Mauricio, París, las crisis de años muy difíciles. Quizá detrás de la memoria haya algo de revuelta. Pero es cosa del lector.
—¿Cuál es la tarea más urgente, hoy, para un escritor?
—Reflexionar, interrogarse por la belleza. Y por las amenazas que pesan sobre la belleza. La rapacidad del hombre está amenazando muchas cosas bellas de la naturaleza. Salir al paso de tantas cosas absurdas, criminales y dañinas que nos amenazan. Crear nuevos mundos. Recordar… por momentos, en mi última novela, hay momentos de cólera y de hambre, en el París de 1928. Al mismo tiempo, el «Bolero» de Ravel puede tener algo de una profecía.


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