En ese rostro con ojos perdidos
disimulando fortalezas,
he viajado hasta descansar
en los bolsillos de tu infancia.
Porque sé como alivia la palabra,
quise llenar tu corazón con mil poemas,
arroparte el alma con huelenoches,
pasar de puntillas por las tristezas.
Saboreé el vuelo sin motor,
el silencio de las montañas,
la mirada de la lluvia,
las caricias de las aves.
Y me llamaste Luna,
sentí las noches gestando tu olvido,
la dureza de los amaneceres
presagiando la desaparición de los colores.

Foto de giacomo falcinelli
2 comentarios:
Yo juraría que en el trasfondo azul de esta poesía estoy yo, y mi historia.
Tal vez sea demasiada pretensión.
¡Quién sabe!
lo que es cierto es que me he puesto a llorar.
Querida Anónim@,a veces la poesía nos transporta y nos hace vivir experiencias personales muy cercanas.Te copio algo que hemos colgado de Pablo Mora hoy en el blog y que espero te guste:
"Definir la poesía es una imposibilidad, una utopía, algo que no puede hacerse. Yo preguntaría: ¿se puede definir la vida? ¿Se puede definir la muerte, la música, el amor? No en vano... se habla de ese no sé qué. Y no hace mucho Pedro Salinas decía: Todo comentario a una poesía se refiere a elementos circundantes a ella: estilo, lenguaje, sentimientos, aspiraciones, pero no a la poesía misma. La poesía es una aventura hacia lo absoluto.
Lo maravilloso de esto, es que las vibraciones de otros puedan acercarnos a lo más íntimo de nuestro ser, sean alegrias o tristezas.
Si me lo permites, te mando un besito lleno de azuldemar.
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