Pablo Moramoraleja@telcel.net.veProfesor Titular, Jubilado, UNETSan Cristóbal, Táchira, Venezuela
Para mantener abierta la palabra
Para reinar sobre la muerte
Para revivir cada día
Para sentir junto con los otros
Para sacar la flor de las cenizas
Para vigilar mientras todos duermen
Para que le sirvan
Para apuntalar el sueño
Para servirse
Para alimento espiritual
Para unir lo posible con lo imposible
Para salvar del diario morir
Para hacer más vivo el vivir
Para la Poesía y la Verdad
Para la vida
Para transformar la vida
Para limpiar cuando el poder corrompe
Para cambiar la vida
Para alentar todas las otras formas
Para la fidelidad al relámpago
Para la memoria de los pueblos
Para la salvación del hombre
Para el asombro antiguo
Para un no sé qué
Para descubrir los secretos del mundo
Para llevar el infinito a cuestas
Para salir a la percepción de la mirada
Para alumbrar la maravilla
Para todos y por todos
Para despertar a latigazos el silencio
Para defender el milagro de la vida
Para amar a los otros
Para que le sirvan
Rafael Cadenas, consagrado poeta venezolano, ha dicho: “La poesía mora lejos del poder... lejos de fanatismos... Lejos está asimismo de grandiosidades porque ellas alejan a la gente de su realidad básica extraviándola peligrosamente. Lejos de utopías, pues por impositivas, aunque con buena intención, suelen llevar a destructividades que no se preveían, ejemplarizando la horrible paradoja del bien que se trueca en mal. Lejos de nacionalismos porque, parafraseando a un socialista francés, llevan en sí la guerra “como la nube lleva la tormenta”. Lejos de ideologías que ponen barreras entre los hombres impidiéndoles que se den la mano, como quiere Salvador Pániker, por encima de lo simbólico “a un nivel más hondo y más real”.
“Hace años -precisa Cadenas- una poeta muy querida me hizo en una entrevista la pregunta que ya es cuasi ritual de para qué sirve la poesía, pregunta que por reiterativa nos lleva a sospechar que se trata de un quehacer enigmático, puesto que siempre está indagándose su función. Yo le contesté: “A la poesía se le sirve más bien, cuando hay suerte”. Y sus servidores son los poetas. A través de ellos hace su aparición. En ocasiones se quita su traje y se viste de prosa, entonces es ésta la que le sirve de portadora, y asoma en la novela, en el cuento, en el ensayo. Los autores le dan forma y pasa a vivir en los lectores que la recrean. Al hacerlo, en cierto modo son también poetas. A veces se ausenta y hay que salir a buscarla; esto puede ocurrirle a un poeta o a una época en un país. Ella es como una gran construcción creada por todos los poetas, y me parece inseparable del trabajo interior de cada uno de ellos. No la concibo separada de esa tarea. En tal sentido tiene un lado extraliterario. Machado, de nuevo Machado, la ve como un yunque de constante actividad espiritual, y también psíquica, podría agregarse.”
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