04 febrero 2010

GABRIEL CELAYA


Celaya nace, en Hernani, un 18 de Marzo de 1911, aunque su verdadero nacimiento se produce el 8 de Octubre de 1946, el día que conoce a Amparitxu, la mujer que será su compañera para siempre. Amparitxu dará una nueva dimensión al poeta, por aquel entonces un circunspecto burgués, director de una empresa de éxito. Con Amparitxu ingresa en el Partido Comunista y junto a ella, alienta "Cuadernos del Norte". Un proyecto asombroso que supuso una ola de viento fresco en el desértico panorama cultural español y que dio a conocer a autores como Eluard o Rilke, prohibidos hasta entonces.


Amigo de Alberti y de Salinas vio con infinita tristeza como muchos de sus mejores amigos partían hacia el exilio o el destierro más doloroso. Sufrió como propio el asesinato de Lorca o la muerte de Miguel Hernández: Ya el dolor de los otros me duele más que el mío. Puso su palabra al servicio de los que nada tenían denunciando los atropellos en una España desgarrada por la Guerra Civil, violentada y humillada por el régimen de aquel infame general y como Bergamín tenía una fuerte vinculación a Euskadi. -que tanto dolía a algunos-: "Rapsodia Euskara"


Sus primeros títulos están llenos de resonancias albertianas y lorquianas, de matices surrealistas: Tarde malva y oro/bajo el cielo blanco/por el pinar/se ha ido cantando... en "Tranquilamente hablando" Aunque su obra más conocida se engloba bajo lo que unos llaman poesía social y otros poesía política: Y saber que no pueden/matarnos que si tratan/de matar estos brotes/crecerá nuestra rabia. en "Cantos Íberos" o "Buenos días, buenas noches". Sin olvidar al Celaya amigo de los niños. A ellos dedicó un libro entrañable: "La Voz de los niños": una antología de canciones y retahílas cuidadosamente clasificadas y seleccionadas. Un libro no menor en el conjunto de su obra poética que guarda una estrecha relación con su mejor poesía social.


LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO
Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,
cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.
Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.
Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.
Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.
Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.
Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.
Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.
Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.
No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.
Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

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