02 octubre 2010

Juan Guzmán Cruchaga

Compañera

Tu voz, viajera de muchos siglos,

llegó apoyándose en un sueño.

En ningún país la reconocían.

No cabía en ningún recuerdo.

No sigas. Quédate. Eres mía.

Lo sé desde el alba del tiempo.
Tus ojos perseguidos

todavía tiemblan de miedo.

Oscuras jaurías de angustia

los acosaban.

Cierra. Hay viento.

Descansa. Es la dicha tranquila.

El reposo. El silencio y el fuego.

Iban tus manos entre mis libros,

entre mis flores y mis versos

naturalmente, sin asombro.

Tampoco había asombro en ellos.

Las rosas que ahora te miran

son nietas de las que te vieron.

Descansa. Quédate. Eres mía.

Lo sé desde el alba del tiempo.

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