22 diciembre 2010

Augusto Enrique


Y SIN EMBARGO DIGO ALGO


Tengo miedo, mi jaula se convirtió en pájaro
y volví del cementerio, donde los demás
ponían flores, a infinitas tumbas con mi nombre.

Detrás de la noche, mi cuerpo danzaba como una serpiente
poseída por el espíritu del vino.

Es la hora del estruendo
el instante de ahorcar a las palabras.

Y sin embargo digo algo
lucho contra las palabras y por ellas
aunque no diga nada digo algo
aunque no parezca digo algo

Todavía me queda un gramo
de la droga de la inocencia

Voy a arrancarme la cabeza
para probar que alguna vez estuvo en su sitio

Recién aprendí a besar al mundo
la próxima vez le meto la lengua

Cuando era un anciano
corría sobre un caballito de juguete
es decir jugaba
y mi corazón se arrancaba los pétalos
para saber si yo la quería o no

Pero después, volví del cementerio
donde los demás ponían flores
a infinitas tumbas con mi nombre
y yo también me puse una.

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