08 diciembre 2010

Un camión de doce ejes, por Gonzalo Revilla



La Navidad se acerca como un camión de 12 ejes. El bombardeo publicitario y la invitación al consumo es arrolladora, casi insultante dada la situación de crisis económica de muchas familias en este país, en este mundo.


Pero es la consigna: no detener la maquinaria, seguir asfixiando la gallina de los huevos de oro, mantener apretado, bien apretado, el nudo alrededor del cuello de los consumidores, antes ciudadanos. ¿Vamos a resistirnos?: lo dudo, tal vez algunos recortes inevitables, pero en el fondo será más de lo mismo: consumir, consumir y consumir, más, mucho, sin límites, sin lógica, sin el mínimo sentido práctico.


Saldremos de estas navidades con sobrepeso, con mil regalos inútiles, hastiados. Pero satisfechos de haber participado del rito, del sacrificio exigido por el sistema, de la centrifugadora social que nos mantiene en el centro de la estulticia, y que despide con fuerza a los que nos soportan el ritmo, el "nivel", víctimas de la cuenta de beneficios de un puñado de señores que han decidido cómo se construye nuestra felicidad.


Aunque después esa felicidad sea efímera, falsa, vacía. Pero ¿vamos a resistirnos?. Lo dudo. No queremos, o tal vez, en muchos casos, no sabemos.

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