Yo que buscaba tu abrazo
en las esquirlas de los minutos,
ojeando las alertas
y las caricias furtivas,
tuve que arrancarme las manos
y mantener en la lluvia
un atisbo de sonrisa.
cada flexión en tu vientre,
cada pulso sincronizado,
sobre todo, extraño
el sofá donde la noche
suspiraba tus palabras.
Solo queda un crisantemo
sucumbido al desconsuelo


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