22 mayo 2012



Reina María Rodríguez. Poeta y narradora. Nació en La Habana, Cuba en 1952. Licenciada en Literatura hispanoamericana por la Universidad de la Habana. En 1976 obtuvo el primer premio del Concurso "13 de Marzo" con su libro titulado La gente de mi barrio (poesía). Ese mismo año recibió una mención en el concurso UNEAC con otro libro de poesía, Una casa de Ánimas, 1976. En 1980 gana este mismo concurso con el magnífico poemario Cuando una mujer no duerme... También ha sido galardonada en dos ocasiones con el Premio Casa de las Américas por sus poemarios: Para un cordero blanco (1984) y La foto del invernadero (1998), y con el Premio de la Crítica (Cuba) por: En la arena de Padua (1992) y Páramos (1995). Este último recibió asimismo el premio de la revista Plural (México, 1992). A partir de Para los pájaros (1995), su noción de la poesía se torna más compleja: encuentra en las palabras de la literatura una extensión de la intimidad de su cuerpo. La forma de sus últimos libros enfoca el problema de la ficción y la poesía como un proceso de la palabra ligada al cuerpo: los poemas acceden a la prosa, una prosa desgarrada. En 1999 obtuvo la Orden de Artes y Letras de Francia, con grado de Caballero. En 2000 publica Te daré de comer como a los pájaros (poesía), Editorial Letras Cubanas. En 2005, en la editorial Extramuros, publica Bosque Negro. Codirige el proyecto Casa de Letras y la revista de creación literaria Azoteas.CÁMARA SECRETA










dentro de un cofrecito de ébano
junto a la cama mortuoria de Tutankamen yacen
los fabulosos tesoros del joven rey en el Nilo.
allí encontré una pieza dorada
como una muñeca, o una antigua miniatura india.
alguien me permitió abrir y quizás ver
aquel secreto que soñaba
(en cada sueño perdemos evidentemente
una inocencia) soy otra vez Pigmalión
siempre a la espera de cualquier milagro.
si uno va todo el camino junto a las cosas,
uno puede cubrir todo el camino de ficciones
y ciertamente uno recibe su recompensa
siempre completamente diferente
a la esperada. si alguien,
al menos durmiera sin estar muerto
junto al cofre de un rey

y recibiera un sueño como el mío,
-la miniatura de cristal de Atlántida-
entraríamos de una vez en la inocencia.



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