Carmen
Yáñez nace en Santiago de Chile, el año 1952. Poeta. Sufrió cárcel y tortura
en Villa Grimaldi, la casa secreta de la policía, durante la dictadura; pasó a
la clandestinidad y, bajo protección de la ONU, se exilió en Suecia. Desde 1997
vive en Gijón. Como en el mandato machadiano, Carmen Yáñez ha hecho poesía al
andar. Poesía que nace del camino recorrido desde Santiago de Chile (donde nació
en 1952, en el seno de una familia trabajadora) hasta La Ciudad de Gijón. Un
recorrido vital que arranca en 1975 cuando desaparece en manos de la policía
política de Pinochet. Vuelta del infierno de Villa Grimaldi (casa secreta de la
siniestra DINA), permanece en la clandestinidad hasta que en 1981, vía Argentina
y bajo protección de la ONU, toma el sendero del exilio rumbo a Suecia. Venida
de otro hemisferio. Carmen Yáñez inicia en Suecia la publicación de su poesía.
En 1982 publica el poemario “Cantos del camino”, y en los años siguientes irán
apareciendo poemas suyos en revistas suecas (Signos, Ada, Invandraren) y alemanas (Viento Sur). Publica los trípticos ”Al
aire” (1989) y “Remanso” (1992). Y, desde 1990 y en la distancia, su poesía
comienza a publicarse también en Chile, en las revistas Safo y La Garza Morena. Durante su estancia en
Suecia participa en la creación de varios talleres literarios. Primero, el
taller Lofche (1986-88). Después, Transpoetas y Madrigal, a los que sigue aún
vinculada. Más que nostalgia, es la palpable presencia de una geografía nueva la
que marca su poesía de estos años. “La luz y su ausencia”. “Los inviernos
blancos y los inviernos verdes”. “El frío y el recuerdo del calor”. “Sureña en
el Norte”, Carmen Yáñez encuentra en la lengua que se trajo de Chile su último
refugio. En 1997 se traslada a España y fija su residencia en Asturias, en lo
que ella misma define como una búsqueda de las raíces. Carmen Yánez es una de
las poetas chilenas más sobresalientes de la actualidad. Su poesía tiene una
dulzura estremecedora que invita a la contemplación y fascina a todo aquel que
haya nacido con cierta tendencia instintiva hacia la belleza.
Carmen
Yáñez nace en Santiago de Chile, el año 1952. Poeta. Sufrió cárcel y tortura
en Villa Grimaldi, la casa secreta de la policía, durante la dictadura; pasó a
la clandestinidad y, bajo protección de la ONU, se exilió en Suecia. Desde 1997
vive en Gijón. Como en el mandato machadiano, Carmen Yáñez ha hecho poesía al
andar. Poesía que nace del camino recorrido desde Santiago de Chile (donde nació
en 1952, en el seno de una familia trabajadora) hasta La Ciudad de Gijón. Un
recorrido vital que arranca en 1975 cuando desaparece en manos de la policía
política de Pinochet. Vuelta del infierno de Villa Grimaldi (casa secreta de la
siniestra DINA), permanece en la clandestinidad hasta que en 1981, vía Argentina
y bajo protección de la ONU, toma el sendero del exilio rumbo a Suecia. Venida
de otro hemisferio. Carmen Yáñez inicia en Suecia la publicación de su poesía.
En 1982 publica el poemario “Cantos del camino”, y en los años siguientes irán
apareciendo poemas suyos en revistas suecas (Signos, Ada, Invandraren) y alemanas (Viento Sur). Publica los trípticos ”Al
aire” (1989) y “Remanso” (1992). Y, desde 1990 y en la distancia, su poesía
comienza a publicarse también en Chile, en las revistas Safo y La Garza Morena. Durante su estancia en
Suecia participa en la creación de varios talleres literarios. Primero, el
taller Lofche (1986-88). Después, Transpoetas y Madrigal, a los que sigue aún
vinculada. Más que nostalgia, es la palpable presencia de una geografía nueva la
que marca su poesía de estos años. “La luz y su ausencia”. “Los inviernos
blancos y los inviernos verdes”. “El frío y el recuerdo del calor”. “Sureña en
el Norte”, Carmen Yáñez encuentra en la lengua que se trajo de Chile su último
refugio. En 1997 se traslada a España y fija su residencia en Asturias, en lo
que ella misma define como una búsqueda de las raíces. Carmen Yánez es una de
las poetas chilenas más sobresalientes de la actualidad. Su poesía tiene una
dulzura estremecedora que invita a la contemplación y fascina a todo aquel que
haya nacido con cierta tendencia instintiva hacia la belleza.MUJER
Cuánto
diste, mujer:
siglos de
luces
que no
reflejaron las conciencias
tragadas
por abismos de silencio.
Cuánto
más:
raíces para
contener la tierra
terciopelo
del amor
una espiga
hasta alcanzar el cielo
fértiles
semillas del coraje
para un
mundo habitado por la guerra.
Cuánto
más.
Desde tus
ojos
alboradas y
nieblas,
revisión
del juicio
a la
esperanza de las flores.
Diminuta de
pequeñas cosas
rescatadas
de la infancia
en la
escritura de los sueños.
Cuánto
más.
Hojas que
cubren el pudor del universo
lagos
generosos de aguas vírgenes
espesura
del secreto
de las
profundas raíces de tu tiempo.
Cuánto
otoño
inundando
la tierra
y un color
crepuscular
en la
corteza.

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