GRISICITUDES
Puedo decir alto y claro:
no sé a dónde me dirijo,
me pesan los párpados,
a veces exploto y, otras,
tengo sequía de impulsos;
me marean las líneas del metro,
estoy harta de las hormonas,
los cambios y ser pezón y curva.
***
Te he imaginado muchas veces desnudándome
despacio, desabrochando los botone
de mi chaquetón y dejándolo caer
al suelo.
Te he imaginado kamasutreándome,
agarrándome con fuerza, besándome
con violencia y llenando las habitaciones
de recuerdos.
Acariciando mi piel, tocándome los pechos,
pasando la lengua por todo mi cuerpo
y compartiendo el primer café
de la mañana.
***
Pierdo la noción del tiempo.
Desaparecen las farolas
y edificios. La gente se disipa.
Todo se queda en silencio.
Entonces sólo estamos tú y yo.
Somos labios que hacen su trabajo
y besan, se aman, se demuestran;
también somos manos que recorren
los típicos caminos color carne.
Somos aquella pareja ausente,
ajena al vecino que sale
a tirar la basura, debidamente clasificada;
aquella pareja que llega tarde a todo,
menos a los besos y abrazos,
que siempre se está despidiendo
porque el adiós no les gusta,
porque despedirse no es sencillo
aunque mañana se vean de nuevo.
Porque decir adiós
suena a ruptura.
Porque decir adiós
no es sencillo.
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