Corto espanto
cuando ya la resignación tiene sonido de campana
que suena, desprendida, llorando,
y su hueco metal disponible
se va llenando poco a poco, de un espanto pequeño,
de un espanto tan corto que no puede avanzar,
que no puede llenarte
como no te vacía una eyaculación
pero deja emasculado y embebido;
y es tan sólo un espanto pequeño,
como un virus,
como una aguja que atravesara el ojo sin cegarlo,
como una lentitud
que se va haciendo
cada vez más pequeña,
más imposibilitada
y más tenaz,
hasta que el corazón se hace coágulo de sangre,
hasta que el corazón se tensa sin latir,
se tensa, hsata su límite, sin latir
para dejarte en su desván,
tan maniatado y tan escaso,
que empieza a sentir que nada puede perdonarse.

No hay comentarios:
Publicar un comentario