19 octubre 2012

Begoña Abad





Un día te hiciste mayor.

Lo supe porque dejaste de venir

a acurrucarte a mi lado

los domingos por la mañana.

Dejaste de buscar el calor

de mi costado

y mi mano distraída

haciéndote dibujos en el pelo.

Dejaste de pedir que te contara

cómo eras de pequeño

y cómo era yo y cómo tu abuelo

y apareciste, sabio ya.

Todo lo sabías en esa  mañana triste.

Me costó acostumbrarme

a verte aparecer en la cocina

con el ceño fruncido, silencioso.

Tuve que aprender a quererte de nuevo,

también así, distante y gris.

Aprender que sólo era un baile de disfraces

en el que me tocaba adivinar

de qué ibas vestido,

pero sabiendo que siempre

detrás estabas tú,

igual que tú esperabas

que yo estuviera siempre

esperando, sin disfraz.



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