14 octubre 2012

Isla Correyero



Isla Correyero


Isla Correyero nació en Miajadas (Cáceres) en 1957. Estudió periodismo y cinematografía en Madrid. Es guionista de cine y televisión. Representa la vertiente social y reivindicativa de la poesía de la experiencia. Su lenguaje cruel, en ocasiones, y directo hace de sus poesías auténticos disparos poéticos. Isla Correyero eleva la poesía coloquial a testimonio del mundo que la rodea. Profundamente consciente de su género y lo que ello supone, hace una poesía sin concesiones, radicalmente nueva, cuyos contenidos son absolutamente actuales. Su concepción de la poesía es bien clara: no puede la poesía ser divagación sobre el mundo, no quiere reflejar el mundo sino cambiarlo. Su poesía tiene mensaje y pretende remover la conciencia del lector, lanzarle largas reflexiones. Dice ella misma: Se necesita desesperación para vivir. Una portentosa alteración al filo de la ferocidad y la tragedia. Se necesita el estremecimiento que tense la cuerda de vivir. Que de lo innumerable a lo sagrado aten la cuerda todas las sábanas de la muerte y de la enfermedad. (...) Tensar y disparar cada palabra como si el nudo de la garganta se deshiciera para el amor o la melancolía. (...) No hay ninguna recompensa. Es un camino solitario y altísimo .Así va tocando algunos de los temas de máxima crudo... Rompe también el lenguaje, ajeno a la tradición poética, tomado directamente del habla coloquial. No cabe duda de que su poesía sorprende al lector por la franqueza con que se expresa.
F.J.J.B.

BIBLIOGRAFÍA

Cráter. León, Institución Fray Bernardino de Sahagún (Col. Provincia), 1984.
Lianas. Madrid, Hiperión, 1988.
Crimenes. Madrid, Libertarias, 1993.
Diario de una enfermera. Madrid, H & F, 1996.
La pasión . Ediciones Ex-Libris, Madrid, (finalista premio Mundial de Poesía Mística "Fernando Rielo" 1997).
Como cuando coges una trucha en las manos. Ed. Piratas, Fuenteheridos, 1998.
Feroces (Radicales, marginales y heterodoxos en la última poesía española) Ed. DVD (Barcelona, 1998). Reside en San Sebastián de los Reyes (Madrid).




Las medias blancas




Tengo unas medias blancas de encaje que me pongo
cuando me visto el traje negro de los recuerdos.
Son unas medias finas, hambrientas de fantasmas
que hacen juego con los pájaros interiores, oscuros.

Las piernas, penetradas por estas bocas blancas,
levemente se abren con signos vegetales.

Los hilos amanecen mi piel,
brotan, perdiéndose, entre los elevados pensamientos más íntimos.

En derredor: imágenes de ocupación pelviana,
soberbias latitudes desde el puente atestiguan
la entraña y las enaguas levantadas al vuelo.

¡Qué holgada está la tela de la falda de flores,
la rodilla suavísima con olor a naranjas!

Por los muslos se agrandan los dibujos henchidos,
son copos invisibles calcinando altas cumbres.
Me infunden sobresaltos, me clavan dulces flechas,
tan finas son las mallas que saltan los engarces
y hasta el ocre desierto los poros me rezuman
feroces desatinos, presagios entreabiertos.

Siento flores y manos crecer entre las piernas
y más arriba el musgo
tapando el azulón vellón de la albufera.

No podría ponerme estas medias sabiendo
la gracia que se esconde, generosa, en tu boca.
Espumosas persisten, sin causa me rodean,
temibles de tu roce, sin fatiga,
explorando.

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