El corazón empieza bajo
tierra,
pero acaba en tus labios y en los míos.
La muerte entonces duda en las cornisas
y una convalecencia de ojos largos
desprende las arrugas del temblor.
pero acaba en tus labios y en los míos.
La muerte entonces duda en las cornisas
y una convalecencia de ojos largos
desprende las arrugas del temblor.
No hay que negar que eso
nos salva,
pero entre tantas cosas tan perdidas
no es posible aceptar la salvación.
pero entre tantas cosas tan perdidas
no es posible aceptar la salvación.
Y las manos, sin darse
cuenta aprenden
el gesto incorregible
de volver a enterrar el corazón.
el gesto incorregible
de volver a enterrar el corazón.
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