23 noviembre 2012

Eugenia Toledo-Keyser


EL ECO








Entré a los bosques y mis poemas fueron un puro suspiro entre el follaje.
Subí a las montanas para lanzar mis versos al vacío y descubrí el eco.

Como Moisés alzando ambos brazos, pronuncie mis palabras,
Mil voces me contestaron y rebotaron en mi cuerpo.
El eco y yo dialogamos.
Me permitió hasta acariciarlo.
Repase sus rasgos curvos con mis dedos.

Bajé de la montaña esta mañana. Caminando las calles de la ciudad conocida,
el eco se reflejaba en mis ojos, mientras iba unos pasos antes que yo.
Iba recitando aquellos versos que le cante y que aun salían de mi cuerpo,
texto quebrado, lenguaje inútil de mujer al mundo.


No hay comentarios: