EL ECO

Entré a los
bosques y mis poemas fueron un puro suspiro entre el follaje.
Subí a las
montanas para lanzar mis versos al vacío y descubrí el eco.
Como Moisés
alzando ambos brazos, pronuncie mis palabras,
Mil voces
me contestaron y rebotaron en mi cuerpo.
El eco y yo
dialogamos.
Me permitió
hasta acariciarlo.
Repase sus
rasgos curvos con mis dedos.
Bajé de la
montaña esta mañana. Caminando las calles de la ciudad conocida,
el eco se
reflejaba en mis ojos, mientras iba unos pasos antes que yo.
Iba
recitando aquellos versos que le cante y que aun salían de mi cuerpo,
texto
quebrado, lenguaje inútil de mujer al mundo.
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