María José
Mures. Nace en
Fernán Núñez, Córdoba (España), el 4 de abril de 1970. Es diplomada en Educación
Especial por la
Universidad de Córdoba y habilitada en Educación Infantil por
la UNED. Es Máster en
logopedia en Rehabilitación de los trastornos del lenguaje y el habla por
la Universitat
Politècnica de Catalunya.
Fue directora adjunta de Revista de
Feria de su localidad durante dos años y después formó parte del
grupo de redacción. Sus versos aparecen en Revistas Literarias como Alhucema,
Baquiana, Arique de Cuba, La pájara pinta, Caños Dorados, Pan de
Trigo, y otras de soporte digital. Tiene publicados tres libros:
Antes
del Amor, Zahorí y Cambalache,
este último prologado por Aimée G. Bolaños. Está incluida en la Antología de poetas de
Fernán Núñez, 2006. Ha sido colaboradora en la edición del libro de
Romances y canciones de Amor II, 2006, de la Diputación
Provincial de Ciudad Real. En ese mismo año el Ateneo de Almagro la
nombra Socia de
Honor. Fue merecedora del segundo Premio de Poesía en Alfafar,
Valencia,
con su poemario Zahira
y en 2007 fue premiado su poemario Entre la espada
y tú, amor en el V Concurso Nacional de Poesía “Caños Dorados”.
María José
Mures se siente atraída desde
pequeña por las letras, escribe su primer poema La niña enamorada con doce años y desde
entonces no ha dejado de describir. La adolescencia, el amor, sus lecturas de
Bécquer, todo se mezcló y de allí salió el poema. Se considera menos tímida que
antes y está convencida que por eso empezó a escribir, porque no hablaba lo que
sentía. Ella piensa que de la misma manera que el fotógrafo capta una imagen y
la congela para siempre en esa pequeña película, ella hace lo mismo, pero su
película es un papel, ¿cómo no ponerle palabras a situaciones que le transmiten
sentimientos? La ventaja de escribir es que puede hacer un collage de emociones,
escribe lo que siente, lo que se imagina y gustaría, lo que nunca vendrá, lo que
va encontrando y perdiendo, en definitiva, todo aquello que del exterior se
incrusta en ella. Lo puede cambiar de género y de número, lo puede poner en
activa para resaltar al sujeto o en pasiva, recorta esta emoción y la pega allí
en aquel atardecer, o para este paisaje inventa una ternura y hace una
composición de afectos, y en realidad así escribe. Sólo necesita sentir que le
hablen de emociones: amor, odio, celos, rabia, un abrazo, una mirada, un olor,
un gesto como el que se marchen todos y solo se quede la persona que más le
importa.

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