17 diciembre 2012

María José Mures



María José Mures. Nace en Fernán Núñez, Córdoba (España), el 4 de abril de 1970. Es diplomada en Educación Especial por la Universidad de Córdoba y habilitada en Educación Infantil por la UNED. Es Máster en logopedia en Rehabilitación de los trastornos del lenguaje y el habla por la Universitat Politècnica de Catalunya. Fue directora adjunta de Revista de Feria de su localidad durante dos años y después formó parte del grupo de redacción. Sus versos aparecen en Revistas Literarias como Alhucema, Baquiana, Arique de Cuba, La pájara pinta, Caños Dorados, Pan de Trigo, y otras de soporte digital. Tiene publicados tres libros: Antes del Amor, Zahorí y Cambalache, este último prologado por Aimée G. Bolaños. Está incluida en la Antología de poetas de Fernán Núñez, 2006. Ha sido colaboradora en la edición del libro de Romances y canciones de Amor II, 2006, de la Diputación Provincial de Ciudad Real. En ese mismo año el Ateneo de Almagro la nombra Socia de Honor. Fue merecedora del segundo Premio de Poesía en Alfafar, Valencia, con su poemario Zahira y en 2007 fue premiado su poemario Entre la espada y tú, amor en el V Concurso Nacional de Poesía “Caños Dorados”.

María José Mures se siente atraída desde pequeña por las letras, escribe su primer poema La niña enamorada con doce años y desde entonces no ha dejado de describir. La adolescencia, el amor, sus lecturas de Bécquer, todo se mezcló y de allí salió el poema. Se considera menos tímida que antes y está convencida que por eso empezó a escribir, porque no hablaba lo que sentía. Ella piensa que de la misma manera que el fotógrafo capta una imagen y la congela para siempre en esa pequeña película, ella hace lo mismo, pero su película es un papel, ¿cómo no ponerle palabras a situaciones que le transmiten sentimientos? La ventaja de escribir es que puede hacer un collage de emociones, escribe lo que siente, lo que se imagina y gustaría, lo que nunca vendrá, lo que va encontrando y perdiendo, en definitiva, todo aquello que del exterior se incrusta en ella. Lo puede cambiar de género y de número, lo puede poner en activa para resaltar al sujeto o en pasiva, recorta esta emoción y la pega allí en aquel atardecer, o para este paisaje inventa una ternura y hace una composición de afectos, y en realidad así escribe. Sólo necesita sentir que le hablen de emociones: amor, odio, celos, rabia, un abrazo, una mirada, un olor, un gesto como el que se marchen todos y solo se quede la persona que más le importa. 




Al amor

¿No me quieres?
y de diestra a siniestra
con engaño respondí.

Nuestras ropas caídas
no sabían de géneros,
las manos que me acarician
y los labios que me besan
¡qué género ha de tener,
qué tiempo!

Si teniéndola en mis manos
cierro los ojos,
qué género ha de tener.

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