16 febrero 2013

Viaoleta Luna


VIOLETA LUNA

Violeta Luna nació en Guayaquil, el 24 de Febrero de 1943. Es una poetisa, narradora, crítica literaria, ensayista y catedrática ecuatoriana. Sus primeros años vivió en San Gabriel provincia del Carchi. Se doctoró en la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación de la Universidad Central. Profesora de los colegios: “Gran Colombia”, “San Pablo del Lago” y “Manuela Cañizares”. Miembro de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Fue integrante del Jurado del Premio Casa de las Américas (1986). Entre otros reconocimientos ha obtenido: Premio "A los mejores cuentos", 1969; Premio Nacional de Poesía "Ismael Pérez Pazmiño", Diario El Universo, Guayaquil, 1970; Premio Nacional "Jorge Carrera Andrade", Municipio del Distrito Metropolitano de Quito, 1994. Según el ensayista y novelista, Gonzalo Humberto Mata, "la poesía de Violeta es un permanente prodigio de revelaciones y de hallazgos eficazmente logrados; poesía viva, despojada de broza, corazón al aire." Su poesía se caracteriza en lo formal por el verso libre, el léxico común, la imagen pura, la metáfora fuertemente emotiva y sugerente. Y en cuanto al contenido sobresale como motivación constante el rechazo a lo convencional e inauténtico, a las injusticias y alienaciones, a las etiquetas y mentiras.



LOS TIEMPOS JUBILOSOS

I

Quisiera adivinar
lo que te suena adentro.
saber si como yo
te rompes en cascadas o campanas.
Saber con más certeza
si somos dos guitarras minerales
o cítaras frenéticas.
Poder adivinar
si el mismo caracol nos canta adentro
mojándonos de estrellas y de olvido

II

Estás aquí conmigo
puntual como la luz en la ventana,
abierto como un libro
y lleno de palabras especiales.
Te veo como un barco
que trata de llegar a mi pupila,
o como un sabio mago
que logra sacar lunas de mi nombre.

III

Contigo todo es nuevo
aún lo conocido y repetido,
y hasta los días lunes son distintos.
Tal vez el almanaque no regrese,
y aunque los vientos ladren
y muerda el aguacero,
no ha de morir mi espacio,
aquel a donde llegan y florecen
tus tiempos jubilosos.

IV

Te acercas
y es como si a lo largo de mi cuerpo
se recostara un sol estremecido,
o como si en los brazos
se detuviera un río deleitoso.
Entonces me recorres
y siento que hay abejas en mis poros
y música en mi sangre.
Y sobre las palabras,
aquellas que se dicen y se escriben
está la llama misma de nosotros.

V

Por todo lo que tengo entre tus días,
tus brazos y tus cosas,
por todo lo que somos en palabras,
en tiempo y en recuerdos,
por todas las mañanas con violines,
con vientos o llovizna,
por todo lo que somos en el sueño
y todo lo que somos en la vida,
por ambos que nos damos sin rompernos
confieso que el amor tiene tu nombre.

No hay comentarios: