VIOLETA LUNA
Violeta Luna nació en Guayaquil, el 24 de Febrero de 1943. Es
una poetisa, narradora, crítica literaria, ensayista y catedrática ecuatoriana.
Sus primeros años vivió en San Gabriel provincia del Carchi. Se doctoró en la
Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación de la Universidad
Central. Profesora de los colegios: “Gran Colombia”, “San Pablo del Lago” y
“Manuela Cañizares”. Miembro de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Fue
integrante del Jurado del Premio Casa de las Américas (1986). Entre otros
reconocimientos ha obtenido: Premio "A los mejores cuentos", 1969; Premio
Nacional de Poesía "Ismael Pérez Pazmiño", Diario El Universo, Guayaquil, 1970;
Premio Nacional "Jorge Carrera Andrade", Municipio del Distrito Metropolitano de
Quito, 1994. Según el ensayista y novelista, Gonzalo Humberto Mata, "la poesía
de Violeta es un permanente prodigio de revelaciones y de hallazgos eficazmente
logrados; poesía viva, despojada de broza, corazón al aire." Su poesía se
caracteriza en lo formal por el verso libre, el léxico común, la imagen pura, la
metáfora fuertemente emotiva y sugerente. Y en cuanto al contenido sobresale
como motivación constante el rechazo a lo convencional e inauténtico, a las
injusticias y alienaciones, a las etiquetas y mentiras.
LOS TIEMPOS JUBILOSOS
I
Quisiera adivinar
lo que te suena adentro.
saber si como yo
te rompes en cascadas o campanas.
Saber con más certeza
si somos dos guitarras minerales
o cítaras frenéticas.
Poder adivinar
si el mismo caracol nos canta adentro
mojándonos de estrellas y de olvido
II
Estás aquí conmigo
puntual como la luz en la ventana,
abierto como un libro
y lleno de palabras especiales.
Te veo como un barco
que trata de llegar a mi pupila,
o como un sabio mago
que logra sacar lunas de mi nombre.
III
Contigo todo es nuevo
aún lo conocido y repetido,
y hasta los días lunes son distintos.
Tal vez el almanaque no regrese,
y aunque los vientos ladren
y muerda el aguacero,
no ha de morir mi espacio,
aquel a donde llegan y florecen
tus tiempos jubilosos.
IV
Te acercas
y es como si a lo largo de mi cuerpo
se recostara un sol estremecido,
o como si en los brazos
se detuviera un río deleitoso.
Entonces me recorres
y siento que hay abejas en mis poros
y música en mi sangre.
Y sobre las palabras,
aquellas que se dicen y se escriben
está la llama misma de nosotros.
V
Por todo lo que tengo entre tus días,
tus brazos y tus cosas,
por todo lo que somos en palabras,
en tiempo y en recuerdos,
por todas las mañanas con violines,
con vientos o llovizna,
por todo lo que somos en el sueño
y todo lo que somos en la vida,
por ambos que nos damos sin rompernos
confieso que el amor tiene tu nombre.
Quisiera adivinar
lo que te suena adentro.
saber si como yo
te rompes en cascadas o campanas.
Saber con más certeza
si somos dos guitarras minerales
o cítaras frenéticas.
Poder adivinar
si el mismo caracol nos canta adentro
mojándonos de estrellas y de olvido
II
Estás aquí conmigo
puntual como la luz en la ventana,
abierto como un libro
y lleno de palabras especiales.
Te veo como un barco
que trata de llegar a mi pupila,
o como un sabio mago
que logra sacar lunas de mi nombre.
III
Contigo todo es nuevo
aún lo conocido y repetido,
y hasta los días lunes son distintos.
Tal vez el almanaque no regrese,
y aunque los vientos ladren
y muerda el aguacero,
no ha de morir mi espacio,
aquel a donde llegan y florecen
tus tiempos jubilosos.
IV
Te acercas
y es como si a lo largo de mi cuerpo
se recostara un sol estremecido,
o como si en los brazos
se detuviera un río deleitoso.
Entonces me recorres
y siento que hay abejas en mis poros
y música en mi sangre.
Y sobre las palabras,
aquellas que se dicen y se escriben
está la llama misma de nosotros.
V
Por todo lo que tengo entre tus días,
tus brazos y tus cosas,
por todo lo que somos en palabras,
en tiempo y en recuerdos,
por todas las mañanas con violines,
con vientos o llovizna,
por todo lo que somos en el sueño
y todo lo que somos en la vida,
por ambos que nos damos sin rompernos
confieso que el amor tiene tu nombre.


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