Vanesa Pérez Sauquillo (Madrid, 1978). Poeta y traductora española
en lengua castellana. Es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad
Complutense de Madrid, donde también obtuvo el Diploma de Estudios
Avanzados en Literatura Francesa. Su obra aparece recogida en varias antologías
de poesía reciente, como Venticinco poetas españoles jóvenes (Hiperión,
2003), Todo es poesía menos la poesía (Eneida, 2004), Última poesía
española (1990-2005) (Marenostrum 2006), La voz y la escritura
(Sial/Contrapunto, 2006), Los jueves poéticos de La Casa del Libro (Hiperión 2006) y Que
la fuerza te acompañe (El Gaviero, 2005). Actualmente es editora de
Alfaguara Infantil y Juvenil.
Toda su poesía está
animada por la pasión y contenida por el ingenio; de manera que sus éxitos y
fracasos, sus deseos de plenitud amorosa y su búsqueda de sentido a la
existencia diaria se encarnan en versos escuetos, donde las imágenes cotidianas,
los pequeños sucesos de sus historias y sus rápidas reflexiones constituyen un
texto entrecortado y misterioso, que reclaman la inmediata complicidad de un
lector inteligente.
Caía fatalmente en la trampa del
teléfono
que como un abismo atrae los objetos que lo rodean
(Nicanor Parra)
que como un abismo atrae los objetos que lo rodean
(Nicanor Parra)
éste es mi contestador automático.
Para herir, simplemente, marque 1.
Para contar mentiras que me crea, marque 2.
Para las confesiones trasnochadas, maque 4.
Para interpretaciones literarias
producto del alcohol, marque 6.
Para poemas, marque almohadilla.
Para cortar definitivamente la comunicación,
no marque nada, pero tampoco cuelgue,
titubee en el teléfono
(a ser posible durante varios meses)
hasta que note que voy abandonando el aparato
a intervalos de tiempo cada vez más largos.
No desespere. Aguante.
Espere a que sea yo la que se rinda.
Le evitará cualquier remordimiento.
Gracias.
Para herir, simplemente, marque 1.
Para contar mentiras que me crea, marque 2.
Para las confesiones trasnochadas, maque 4.
Para interpretaciones literarias
producto del alcohol, marque 6.
Para poemas, marque almohadilla.
Para cortar definitivamente la comunicación,
no marque nada, pero tampoco cuelgue,
titubee en el teléfono
(a ser posible durante varios meses)
hasta que note que voy abandonando el aparato
a intervalos de tiempo cada vez más largos.
No desespere. Aguante.
Espere a que sea yo la que se rinda.
Le evitará cualquier remordimiento.
Gracias.


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