ABATIDA
CRISIS
¡Mira,
otro carro
que
cae al abismo!
Mis
corceles se nutren de huracanes,
saltan
veloces la grieta
y
escapan de los tifones.
Ahí
quietos,
personas en
la sombra,
en
los perfiles de las rocas,
ven
vomitar fuego
de
las entrañas de la tierra.
Y
al magma caen despavoridos
aquellos
que la voz no oyen.
Gigantes
escarlatas los zambullen
por
falta de Fe en lo divino.
Y
quietos.
Despavoridos.
Temblando
de miedo.
Como
piedras enquistadas,
nadie
hace nada.
Cansados
cisnes adormecidos,
con
sus plegadas alas,
siempre
hay quien los escucha
y
se deslizan por transparentes puentes
que
les lleva a la otra orilla.
Parece
que flotaran para siempre,
que
les alzaran y descendieran
a
otros llanos más frescos,
donde
brilla el sol, el agua es pura
y
seres luminosos les reciben.
Nadie
forjo en aquellos que atrás quedaron,
unos
pensamientos tan concretos
como
saber salir de los pesares,
oír
las voces de los ancestros
y
caminar por el fuego sin quemarse.
Puente
que no se abre
cuando
centramos el cerebro
en
solo ver,
lo
que nos muestran tan negro.
Autor: Ana María Lorenzo
@Derechos reservados

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