11 abril 2013

Ana María Lorenzo



ABATIDA CRISIS

¡Mira, otro carro
que cae al abismo!
Mis corceles se nutren de huracanes,
saltan veloces la grieta
y escapan de los tifones.

Ahí quietos,
personas en la sombra,
en los perfiles de las rocas,
ven vomitar fuego
de las entrañas de la tierra.

Y al magma caen despavoridos
aquellos que la voz no oyen.
Gigantes escarlatas los zambullen
por falta de Fe en lo divino.

Y quietos.
Despavoridos.
Temblando de miedo.
Como piedras enquistadas,
nadie hace nada.

 Cansados cisnes adormecidos,
con sus plegadas alas,
siempre hay quien los escucha
y se deslizan por transparentes puentes
que les lleva a la otra orilla.

Parece que flotaran para siempre,
que les alzaran y descendieran
a otros llanos más frescos,
donde brilla el sol, el agua es pura
y seres luminosos les reciben.

Nadie forjo en aquellos que atrás quedaron,
unos pensamientos tan concretos
como saber salir de los pesares,
oír las voces de los ancestros
y caminar por el fuego sin quemarse.

Puente que no se abre
cuando centramos el cerebro
en solo ver,
lo que nos muestran tan negro.

Autor: Ana María Lorenzo
@Derechos reservados

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