y recorro el malecón donde la calma aparente
vira y hace maniobras de atraque
en un silencio de barcos
y orfandad del cielo.
y del pensamiento que no es lugar ni morada,
sino movimiento puro y encrespado,
como la fuerza inconducente
y sumergida del mar.
(de “El mar de los veranos”,
Ediciones depapel, 2011)

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