Quisiste guardarme del mundo.Me llamaste
hija de perdición.
Estabas furioso
porque me alejé de los días
en que estaba muda,
una muñeca
-invisible-
Y pedí
que se me otorgase la memoria,
las manos,
la palabra,
el movimiento
que revela y desvela,
-articularme-.
Tener en sí misma
mi alegría colmada.
Dejar mi piel prendida
del árbol.
Sin nada a que aferrarme
ni que me pueda salvar.
Comer del fruto,
todo el rojo vertido.
Es tiempo de cerezas y
quizás eso me ayude.
Estoy tratando
de recordar la libertad.

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