Algunas veces,
las palabras
salen de las olas,
de las orillas
celestes,
de la brisa y
la arena húmeda,
deliciosas y
suaves,
rezumando
sonrisas,
y melodías
dulces de espuma.
Otras veces,
las palabras
lloran como un niño,
sacado de un
sueño,
sin hojas alegres,
sin brazadas,
ni besos de fruta roja
ni agua donde
refrescar la vida.
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