Aquella
lectura poética,
invadió el
óxido de mi
rostro,
dando paso
a la luminosidad
de tu
sonrisa.
¿Sabes?
Alguna vez,
plantaré
amaneceres
en tu vida,
la luna
anidará en tus mejillas,
lo
cotidiano cristalizará en la
cresta de
tus encantos.
Es preciso
que esto ocurra
para que el
invierno nos
sea cálido
y generoso.
Del libro: Huellas de agua


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