15 julio 2014

Sonia Tiranti









Esta mañana.
Desprendí el vestido que se aferraba a mí.
De golpe, con asombro,
vi,
cómo resbalaban las gotas del rocío de la madrugada sobre mi piel.
Lloré.
Hoy, decidí usar sus manos.
Para no perderme.

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