11 octubre 2014

Dolors Elvissa




Porqué también los locos
y los borrachos,
tienen derecho a despedirse...
un día lo haré.
Cuando tenga la suficiente bebida
en el cuerpo,
y sea capaz de enfrentarme
al más temido de mis fantasmas.
Porque un amor tan grande
no puede terminar así.
Porque es un derecho sagrado
el despedirse.
Estaré oculta entre los coches,
con el corazón saliéndose por la boca,
dando bandazos,
borracha de amor.
Fugitiva.
Con el cargo de conciencia
de quién entra en un Templo
para robar el cepillo,
sabiendo que con ello
se condena dos veces,
pero que necesita,
a cualquier precio,
ese cartón de vino barato.
Porque no deberíamos perder
el derecho a despedirnos
de las personas que amamos...
un día lo haré
porque necesito verte
por última vez.
Aunque sea de lejos
como un pájaro que observa
desde la rama de un árbol.
Porque he de ocultarme
entre farolas y neumáticos,
con la letra escarlata bordada en el pecho,
por el único delito que es Amar.
Después vomitaré versos
porque las lágrimas no serán suficientes,
con la cordura escurriéndose
por los desagües.
Luego, en plena resaca,
cuando reciba el primer golpe
de mal aliento
y sienta la nausea en el estómago,
aún sabiendo que es Blasfemia...
juraré de nuevo
dejar de beber.

© Dolors LLuy
2014

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