
Te descubrí al oeste
peinándole la luz.
Y cuando te miré
me molestaba el ruido
del sol y de los cielos
que enmarañaban todo.
Después,
mucho después, llegó el silencio.
Tus besos provocaban el silencio.
Tus ojos se me abrían.
Me abrían el secreto
de aquel cálido viento
del sur.
Sólo
del
sur.
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