El destino
él me va enredando en un mar de tempestad,
navegando a la deriva sin voluntad,
y con aguas turbias, de un mundo mezquino.
Apostaré por el amor, aunque duela,
no soporto la vida sin sus besos,
sin sus caricias, en ratos traviesos,
no importa mis anhelos en la desvela.
Dios nos ayuda a pesar de todo,
cree más en el amor, que en el destino,
es el amor un triunfador eterno.
Remaré muy fuerte en cualquier período,
y llegaré a buen puerto, después del camino,
al sorprenderme el gélido invierno.


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