02 noviembre 2013

Toño Morala




COLABORACIÓN: CAMPANAS…LAS LENGUAS DE BRONCE


La Campana Laurentina de San Isidoro, la más antigua de León
En algunos pueblos y ciudades van tañendo las campanas como en las mañanas de la infancia; recuerdos y nostalgias que la memoria guarda sabedora de que hay cosas importantes, muy importantes en la vida. Una de ellas, era ese esperar del repicar de las campanas, que era como ahora el teléfono móvil; todo el  mundo atento a lo que decían las lenguas de bronce. 
Desde muy temprano, las campanas acompañaban los desayunos; tan pronto era toque de misa diaria, como llamada a concejo, a muerto, a gloria, si el difunto era un niño o niña… 

Fabricar campanas no era fácil en aquellos años, como tampoco lo es ahora. Hace falta una gran experiencia en  fundiciones de metales, así como tener mucha pericia al fabricar moldes y coladas que sean buenas. 

El último taller romano de fundición de campanas 
cerró en 1993, después de 500 años.
Explicación de cómo se hacían las campanas.

Los maestros  fundidores  de renombre siguieron con sus fábricas y enseñaron a sus generaciones el arte de fundir campanas. 

Moldes de campanas.
No solo en iglesias, también ayuntamientos, colegios, plazas y algunas calles, tienen y tuvieron campana. Las campanas, ya eran conocidas de los pueblos egipcios y asiáticos en forma de campanillas y usadas también por los griegos y los romanos. Fueron adoptadas por la Iglesia católica para convocar a los fieles por lo menos desde el siglo V. 

Perfilado del molde de arcilla de la campana con la terraja
 La historia nos lleva a las primeras campanas hechas de  bronce y con badajo de hierro que fueron introducidas por el cristianismo implantándose por  primera vez en Italia en el S.VI de la mano de los monjes benedictinos. En el S.XII la fabricación de las campanas pasó a manos de los laicos; se hicieron más grandes y se construyeron torres para colocarlas para que su sonido se pudiera escuchar más lejos. Cuanto más grandes y altas, mejor escuchaban su sonido los lugareños. Ya mucho más para acá, había fundidores ambulantes que llegaban a los pueblos para fabricar a pie de obra las campanas. Para ello, hacían un gran hoyo en el suelo y a partir de ahí, empezaban el molde, la fundición y el colado de la campana. 

A finales del siglo XIX, fundidores y aprendices.
Luego había que subirlas al lugar, generalmente una torre, y asegurarse de  estar bien sujetas a un cabezal por los yugos de madera reforzados con hierros, y correajes al cigoñal.

Un cartel anunciador de un fabricante de
 Campanas de Salamanca muy afamado.


Maestros Fundidores.
 
Los toques y sones de las campanas requieren de una gran maestría, ya quedan pocos maestros campaneros que sepan repicar con habilidad y con distintos pulsos. El lenguaje de las campanas daría para un montón de texto; aquí solo hablaremos de aquellos toques más necesarios y ancestrales, aquellos donde las poblaciones sabían identificar las llamadas según la forma de tocar las campanas. Para "mostrar" las horas, y así fueron relojes colectivos, para "llamar al rezo" en el mundo de las horas canónicas, para informar al pueblo de todo tipo de avisos y noticias, para cantar alegrías y aliviar las penas en las despedidas últimas…

La campana como reloj público. Al despertar el día, la torre de la iglesia daba "el toque del alba", como un gallo… kikiricando. Al mediodía, bajaba un ángel con su dedo de silencio, y ponía en los labios de todos los beatos un "Ave María", y un descanso. Independientemente de los toques eclesiásticos, existían otros muy importantes para las poblaciones. Llamada a concejo: para citar a los vecinos a la reunión ciudadana. Toque de "arrebato": sólo con la campana mayor o grande y a buen ritmo y sin parar durante mucho tiempo (10 ó 15 minutos) hasta que la gente acudía al lugar del siniestro, que normalmente era fuego. Toque de muerte: toque impulsado por cuerda a dos campanas. Al final dos toques si era mujer y tres toques si era hombre indicaban el sexo del fallecido. Toque de "perdido": se tocaba cuando se perdía alguna persona. Es un toque combinado de las tres campanas.

Una curiosidad…En 1.928 un rayo derribó las campanas
 de la Iglesia Parroquial de Andoain.
Toque de tormenta (en algunos sitios llamado "tente nube"): el campanero, desde su puesto privilegiado tenía la obligación de avisar a los vecinos cuando venía una tormenta. La gente, al oírlo, se refugiaba en las casetas del monte o regresaba al pueblo. Se trata de un toque combinado de las tres campanas. Se solía tocar dos veces. Toque de fuego: en tiempos pasados no era raro que se produjese el incendio de algún pajar, casa o campo. Normalmente el campanero indicaba a la gente mediante gritos el lugar del fuego. Era un toque muy acelerado con la campana grande, que comenzaba con tres toques separados. Toque de fiesta: se tocaba en celebraciones especiales. 


En el repique se tocan las tres campanas combinando la grande y pequeña por un lado y la mediana por otro. La fiesta de los Quintos: prácticamente, este era el único momento del año en que se permitía tocar las campanas a personas fuera de la familia o que no fueran de confianza de los campaneros, ya que los quintos subían con gran ilusión a tocar las campanas.
Aquí en nuestra querida provincia contamos con grandes campanas y muy antiguas. Una de ellas es la campana Laurentina del  claustro Isidoriano que se fabricó en el año 1.085. Otros campanarios importantes son los de la Catedral de León, la de Lois, Santa María, Santa Ana, San Martín, San Marcelo…Como curiosidad les comento que la campana más grande del mundo está en Rusia; la campana pesa 216 toneladas, con una altura de 6,14 metros y un diámetro de 6,6 metros. Fue fundida en bronce por los maestros Iván Motorin y su hijo Mijaíl entre 1733 y 1735, se exhibe en el Kremlin de Moscú. Se acuerdan de aquella canción de Joselito “Campanera”…“¡¡ Por qué han pintao tus ojeras la flor de lirio real, porque te has puesto de cera ¡ay campanera! porqué será. ¡Ay campanera!, aunque la gente no quiera. Tú eres la mejor de las mujeres porque te hizo dios su pregonera. ¡Ay campanera! desde el amante, mis penas. Con la bendición de los altares como mando yo…son compañeras!!”

Toda una saga de fundidores de Campanas.

01 noviembre 2013

Aurelio Gonzalez Ovies,



AQUELLA GAVIOTA QUE SE LLAMÓ PROMESA.





                                                                                                        Alguien ha vaciado el mar
                                                                                                        Pascual Izquierdo
Aquella gaviota que se llamó promesa
y aquel embarcadero de ojos azules.
Toda mi vida:
un niño que recitaba el barro de memoria,
un pueblo que se quedó nevado de tristeza,
unos seres que fueron emigrando del frío,
una estrella sin gas en los muelles del alma.







Angela Botero,



ALGUNA VEZ ME ENCONTRE

UNA NIÑA PEQUEÑA,

QUE MIRABA SIN

DETENERSE, FIJAMENTE,

SUS ZAPATOS DE CHAROL,

COMO SI VIERA EN ELLOS

SU ROSTRO REFLEJADO.

ELLA ME DIJO:

POR QUE NO TENGO ALAS?

CLARO QUE LAS TIENES,

RESPONDI. SOLO QUE SON

PEQUEÑAS, ESTAN EN TU

ESPALDA Y POR ESO

TU NO LAS VES.

TE EQUIVOCAS, DIJO,

SI YO TUVIERA ALAS,

LAS TENDRIA

EN MIS PIES.




Pablo Neruda





Tengo hambre de tu boca, de tu voz, de tu pelo...





Tengo hambre de tu boca, de tu voz, de tu pelo
y por las calles voy sin nutrirme, callado,
no me sostiene el pan, el alba me desquicia,
busco el sonido líquido de tus pies en el día.
Estoy hambriento de tu risa resbalada,
de tus manos color de furioso granero,
tengo hambre de la pálida piedra de tus uñas,
quiero comer tu piel como una intacta almendra.
Quiero comer el rayo quemado en tu hermosura,
la nariz soberana del arrogante rostro,
quiero comer la sombra fugaz de tus pestañas
y hambriento vengo y voy olfateando el crepúsculo
buscándote, buscando tu corazón caliente
como un puma en la soledad de Quitatrúe.


 

J.Agustin Goytisolo





El oficio del poeta




Contemplar las palabras
sobre el papel escritas,
medirlas, sopesar
su cuerpo en el conjunto
del poema, y después,
igual que un artesano,
separarse a mirar
cómo la luz emerge
de la sutil textura.
Así es el viejo oficio
del poeta, que comienza
en la idea, en el soplo
sobre el polvo infinito
de la memoria, sobre
la experiencia vivida,
la historia, los deseos,
las pasiones del hombre.

La materia del canto
nos lo ha ofrecido el pueblo
con su voz. Devolvamos
las palabras reunidas
a su auténtico dueño.