01 julio 2015

Eva Hernández









Somos lo que somos
que nadie nos quite eso.
Deseos que palpitan,
sueños incompletos.
Mares de sonrisas,
lagos con misterios.

Somos grandes,
aunque parezcamos pequeños
La música de nuestros pasos
camino qué va construyendo.
Discurrimos por altas montañas,
y por valles eternos.

Somos muchos...
sin contar, lo sabemos.
Bailamos bajo la lluvia
entre piratas y versos.
Surcamos las olas
a través del tiempo.


Mario Benedetti.




Posdata


Siempre queda algo por decir

un rencor un amor una sorpresa

un pedazo de vida insoportable

que sin embargo algo nos enseña

la vez que fuimos derrotados

cual si fuéramos ídolos de trapo

y la otra en que nos rozó un triunfo

de esos que no se tienen programados

siempre queda algo por soñar

llegar a una frontera tan remota

que queda más allá del horizonte

y por esa razón es seductora

y un intervalo casi oscuro

del que no nos libramos todavía

y que nos deja inmóviles mirando

a esa luna de tantas pesadillas

siempre queda algo por borrar

un aguacero un choque dos domingos

que a pesar de ser poco o casi nada

se resisten a hundirse en el olvido

siempre queda algo por buscar

digamos una paz sin atenuantes

y una conciencia boba que censura

pecados que son simples disparates

no queda nada que agregar

al menos encontré lo que buscaba

y si recuerdo alguna otra cosita

en todo caso agrego otra posdata

Dolors Lluy






 Y NO TE CONOZCO
(a Isabel Pérez)




Me resultas tan familiar,
como el olor suave que en los armarios,
deja la lavanda.
Tan cercana,
como la sonrisa de una madre.
Y no te conozco.
No se donde vives,
ni cuantos tienes hijos tienes,
si eres feliz,
o cumpliste todos tus sueños.
Pero cuando te pienso
regreso de nuevo al hogar
que abandoné hace tanto.
Y creo verte aparecer
con un pastel recién hecho
y el café servido sobre una bandeja
mientras me llamas,
y tu voz cantarina,
es campana que anuncia
un domingo de Gloria.
Tus ojos conservan el brillo de la niñez.
La misma ilusión con la que se
abre un regalo el día de Reyes,
o se aguarda detrás de la puerta
la llegada del padre.
Y tu constancia,
tu afán de aprender,
demuestra el trabajo bien hecho
que guardan tus manos.

Y no te conozco Isabel,
pero te siento un poco mía
un poco hermana,
un poco madre.

Antonio de Padua Díaz,




Sentado en mi cama
de la habitación número once
por la doble ventana
miré la casa rosa y blanca
de todos los días posiblemente
del siglo dieciocho.

Me puse la camisa y se hizo un espléndido
silencio ni tranvías ni voces
ningún sonido. Entonces
vi volar palomes grises
que tampoco hicieron ruido


y sentí un momento,
aún así en calzoncillos,
la paz como sería.


Praga, agosto de 1.990
Foto de Jordi Gaya-Gallofré