ASÍ SIN PENSAR EN NADA... en las tardecitas calladas cuando se escapa el sol despacio y discuten los últimos pájaros dónde pasar la noche y la luna como distraída luna llena bostezando sombras acaricia el camino largo y todo huele a hierba no sé porqué y sin pensar en nada a veces algunas veces se me descuelga un lagrimón
Mi vida,
os la puedo contar en dos palabras:
Un patio
y un trocito de cielo
por donde a veces pasan una nube perdida y algún pájaro huyendo de sus alas.
Si pudiera abrazar la luz -al menos contenerla- valdría la pena creerse mortal, sin la moral de los jueces sin la valentía de la ofensa, tocar esa luz esférica con los dedos de la muerte con la voluntad de los días, a cada oscuridad sombría nacida en el miedo de vivir, en el funeral de los cuerpos y la sencillez de un amanecer donde creerse libre y cobijado. Si pudiera abrazar la luz...
Jugabáis al escondite, a polis y cacos, a guerras de agua en verano. Era como un laberinto.
Poco sabías de lo que ocurría fuera de aquellas calles que pateabas con
las mallas azules del colegio, con aquellos playeros rojos y negros tan
feos que a ti te gustaban tanto. Poco sabías del mundo, nada habías
leído. Usabas las camisetas de segunda mano de tu prima, camisetas amarillas, con pequeños agujeros con los que te entretenías y que hacías más grandes.
Compartías el laberinto con más niños, pero no eran como tú. ¿Recuerdas
aquella caseta blanca donde decías que se escondía el "hombre del
pito"? Todo aquello era un juego. Os reíais tanto... ¿Recuerdas? Pero tú
viste a niñas con las rodillas en carne viva, con los labios morados, con los ojos perdidos. Con las uñas sucias de tierra. Con sangre entre las piernas.
Mientras otras niñas, en otras ciudades, en otros lugares, en otros
barrios, leían en el laberinto de sus abuelos o de sus padres. Leían a
Melville o a Bram Stoker mientras tú veías en La 2 a Willy Fog y en las
calles a aquellas niñas que se volvían locas.
Soltaste el hilo, por aquel entonces. Te perdiste en la casa de Asterión.