26 marzo 2011

Lupe García Araya. Copyright ©,



Sigue ahí,
desnuda sobre su alma
esperando que la llamen.
Sigue ahí,
adivinando el parecido
de ese árbol con su vida.
Sigue ahí,
quieta sobre sus pasos
y con soles en la espalda.
Sigue ahí,
pero algún día
se irá al mar a buscar caracolas
y algas para su vida.

Ana Rossetti,

Notas para un blues


Do
lor por estar contigo en cada cosa. Por no dejar de estar contigo en cada cosa.
Por estar irremediablemente contigo en mí.

Re
cordar que mis monedas no me permiten adquirir. Que
mi deseo no es tan poderoso como para taladrar blindajes,
ni mi atrevimiento tan hábil como para no hacer saltar la
alarma. Recordar que sólo debe mirar los escaparates.


Mi
edo por no llegar a ser, por ni siquiera conseguir estar.


Fa
cilmente lo hacen: clavan sus espinas invisibles, abren la
puerta del temor, hacen que renieguen de mí misma cuando
menos se espera. Y ni siquiera saber cuántos han sacado copia
de mis llaves.


Sol
o he logrado el punzón de la pica, la lágrima del diamante
o los caprichos del trébol. Quizá no existan los corazones.
Quizá es que sea imposible elegir.


La
bios sellados, custodios del mejor guardado secreto, del recinto en donde las palabras reanudan
sus batallas silenciosas, sus pacientes y refinados ejercicios de rencor.


Si
crees que es paciencia, resignación, inmunidad o anestesia te
equivocas. Es que he procurado cortar todas las margaritas
para no tener que interrogarlas.

Juan Disante


Crecientemente, la población latinoamericana se desplaza en patines de dos ruedas.
Y los que miran, aparte de mirar, quieren intentar.
Visto desde abajo, los patinadores acometen un símbolo. Todo es forma.
Es así que los que miran, se empeñan por entender, pero no entienden.
Entonces los patinadores siguen patinando, hacen piruetas. Se ríen a carcajadas.
Por aquí, por allá, unos vientos los vienen, otros los van.
Los que no patinan quieren establecer una norma.
Los unos acometen, los otros completen.
Los patines carecen de luces de giro, entonces esto aflora preocupación. Aflora.
Lo otro desaflora.
Esa pequeñísima gente, antes de comprar un chile o un celular, prefiere ahorrar y apropiarse de patines.
Qué raro que le suena a algunos. Y resuena: “No tiene ninguna utilidad”.
Solo permite desplazarse alrededor de las verdulerías y de los gerundios con cierta vivacidad.
El pasavolante dice: “Yo estoy por el cambio”. Y produce vaivenes con su figura.
Se inclina hacia un lado… luego hacia el otro, como un vals. Yendo.
Y el grandísimo que mira no se pronuncia, dice hablar por las narices. Viniendo.
Y quiere aprender a empujar el pie derecho contra el piso. Pero le preocupa el choque.
“Las colisiones son fatales”.
De alguna manera, los patinadores desandan veredas y quieren ocupar las anchuras.
Y es sabido que con poco esfuerzo, hacen un mundo.
Conforme al uso, se comprometen con lo incierto, las traducciones y el compromiso.
"Se ci guardiamo, ci vediamo" (Si nos miramos, nos vemos).
La velocidad enloquece. Por ello el patinador circula cadencioso, desempedrando las calles.
A mediana prisa.
Y los automovilistas que pasan como una bala en dirección a sus oficinas, frenan de golpe, estiran su cuello y observan al patinador que no utiliza ninguna nafta especial, ni tiene frenos.
Fundadores al paso, sólo desenfrenos.
Y ven con preocupación que cada día son más.
Los que patinan son amantes de los errores, de los ceros y de algo opíparo.
Los que miran se hacen cruces.
Mientras, un matrimonio con sus dos hijos, compran pochoclo y entran todos a un cine
en patines de dos ruedas.

Homenaje a Antonio Machado

25 marzo 2011

Pedro Javier Martín Pedrós Copyright ©,



Y el mar te abrazó en la madrugada
como casi de puntillas,
con la paz de un amanecer especial
en las playas de tu infinito azul.
Vuelas en la primavera de cada día,
en forma de lágrimas contenidas,
bailes de boleros con duchas azules
e historias inacabadas
desnudas de caricias.
¡Sor Mar!,
confidencias de amigos,
de susurros en corazones de poetas
abrazados en faros perdidos.
Recuerdos,
imágenes de cunas vacías y sueños
soñados.
¡Sor Mar!,
llena de tesoros encontrados
y distraídos,
luz de días grises y puertos amigos,
despliega las velas
y pon proa a lunas de primavera
y versos tranquilos.

Del  libro en la bajamar