24 marzo 2012

Jorge Luis Borges,



Al triste

Ahí está lo que fue: la terca espada
del sajón y su métrica de hierro,
los mares y las islas del destierro
del hijo de Laertes, la dorada
luna del persa y los sin fin jardines
de la filosofía y de la historia,
el oro sepulcral de la memoria
y en la sombra el olor de los jazmines.
Y nada de eso importa. El resignado
ejercicio del verso no te salva
ni las aguas del sueño ni la estrella
que en la arrasada noche olvida el alba.
Una sola mujer es tu cuidado,
igual a las demás, pero que es ella.

Bob Dylan - Blowin' In The Wind (Subtítulos en español)

Colección Poesía en la Distancia,



• Pilar Corcuera • Begoña Abad •


Creo que siempre estuvo allí
en el templo del llanto y el ciprés.
Creo que siempre estuvo allí
pero el recuerdo no es cadáver ni ceniza.
Algunas noches de octubre
suele visitarme su fantasma acaso
y siempre es la luna quien vuelve,
sin remedio, a esconderlo entre sus dunas.
Sé que volverás a mi memoria
porque no hay luto, ni sombra
ni nube, ni tumba, ni epitafio
que eclipse tu huella en mi camino.
Como sé que nací para reconocerme en ti.
El agua siempre busca resquicios
entre los cañaverales igual que yo
busco el modo de sobrevivir a tu recuerdo.

Rafael Mendoza


Con el alma a media hasta

Decido
No volver a llorar
Pues ya no puedo.
Propongo
No volver a reír
Pues no me sirve
Deploro
No poder ya gritar
Pues no hay oídos.
Lamento
No llegar a morir
Porque estoy muerto.

J. JORGE SÁNCHEZ




DISCURSO ACERCA DE LAS PASIONES DEL AMOR



Blaise Pascal




Lo sé.
Sé que mi cuerpo ya no está en su apogeo
que su órbita ha dejado atrás el Sol
encaminándose imparable hacia Plutón,
su destino entrópico.
Mis pechos se alejan, mi vientre
obedece a la ley de la doblez
y los canales de Marte se marcan en mis piernas.
Mas tú deberías saber
que eres un gigante gaseoso
que va perdiendo su espesor
aunque te mires y veas la termodinámica ausente.
Ensancha tu alma al par que tus dimensiones.
No te pido que al encontrarnos
estallen los gases nobles como cuando éramos,
el uno para el otro, novas cegadoras.
Pero sí que no vivas tu estancia en mi cuerpo
desde un vehículo orbital y, como yo,
midas en cada caricia la edad del universo.


(De Filosofía de la minucia)