31 mayo 2019

Clemen Esteban Lorenzo






A ratos,
me gusta recorrerte por entero
hasta llegar a instalarme en la cima
donde puedo arrancarte la piel
dibujando la sombra como un caníbal.

Sabemos que entre tú y yo
estorban las ropas, esas que ardientes
se sumergen con fuerza
donde el viento azota.

                   Y me siento bien en ti
respirando tu aliento, deslizando tu sabor
en la pendiente del deseo
donde nuestros cuerpos llegan a perderse.

No hay cosa mejor
que seguir tras tus pasos.


                                           de su libro “Versos de agua”


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30 mayo 2019

© Laura Villanueva Guerrero



Pertenezco
al contorno
de tu aliento,
al olor terrenal.
Contigo juego
a las verdades
absolutas:
amarte,
tenerte,
olvidarme
del amplio
vacío.
Te concedo
mi realidad
amante,
el compartimento
alado que acepta
la llama de humedad.




Walt Whitman





Postrera invocación


Al fin, dulcemente,
dejando los muros de la fuerte mansión almenada,
el duro cerco de las cerraduras, tan bien anudado;
la guardia de las puertas seguras,
sea yo liberado en los aires.

Con sigilo sabré deslizarme;
pon tu llave suave en la cerradura y, con un murmullo,
abre las puertas de par en par, ¡alma mía!


Dulcemente -sin prisa-
(carne mortal, ¡oh, qué fuerte es tu abrazo!
¡oh amor! ¡cuán estrechamente abrazado me tienes!)

Pedro Javier Martín Pedrós.







Enamorarme de la vida

Enamorarme de la vida para ser valiente, y
dejar que mis lágrimas se asomen
mientras leo un poema a un buen amigo.

Enamorarme de la vida para inventarme
sueños, «paradas», donde quepa la utopía,
y los abrazos no se reduzcan a un
contacto o roce físico.

Enamorarme de la vida obsequiando
puestas de soles a los que
siempre se sintieron solos,
mal acompañados
y nunca queridos.

Enamorarme de la vida, regalando
pentagramas vacíos,
para que otros
pinten su música sin conservatorio,
sin conservantes
ni amigos influyentes.

Enamorarme de la vida después de la
despedida de un amigo,
en cualquier campo santo.

Enamorarme de la vida,
viajando, deslizando mis manos por las
carreteras y curvas de cuerpos, sin temor al
carné por puntos.

Enamorarme de la vida, sabiendo que este otoño
vendrán vientos y lluvias difíciles,
y que alguna tarde sentiré los bolsillos
de la vida vacíos.

Enamorarme de la vida,
a sabiendas que hay soldados que se
camuflan con trajes de poetas,
y que nunca aprenderán a esculpir
dos miradas amorosas llenas de deseos.

Enamorarme de la vida con el saco
lleno de un montón de años, y soñando
que el amor es posible, aunque parezca una
cursilería.

Enamorarme de la vida, creyendo siempre
que detrás de una sombra,
puedo encontrarme herrumbre,
madrugadas, escombros y caricias.

Enamorarme de la vida y
sorprenderme ante la
persona que encuentro en
el espejo
cuando me afeito cada mañana.

Enamorarme de la vida,
a sabiendas que hay caminos
con charcos pestilentes de
mierda y basura humana,
que hasta los jadeos de amor
se aprenden en las escuelas de
teatro.

Enamorarme de la vida y abrirle
la boca al mar, para que engulla
deseos, vibraciones prohibidas,
y desparramar los embalses ocultos
de mi adolescencia.

Enamorarme de la vida y descubrir el
placer de una muda limpia de cama, y
experimentar como se curan las heridas.

Enamorarme de la vida y rellenar
páginas en este viaje
donde, querer seguir siendo niño,
es una locura.

De : En la bajamar.







Cristina Liso.





PRIMAVERA


En el amanecer
de este sereno día,
mientras las golondrinas
vuelan sobre los campos
y parecen rozar sus alas
las espigas de trigo,
el sol se adueña del paisaje.

Tiembla el instante
lleno de luz.