06 diciembre 2007

Marcos Ana




La casualidad ha querido que, viendo un programa de televisión, me encontrara a un hombre muy especial al que estaban entrevistando.
Desde el primer momento intuí que era una persona sencilla y grande.

Afortunadamente hay mujeres y hombres llenos de humanidad.
¡ Gracias Marcos !.

Me ha dejado impactado.


Pedro Javier.


"Historia de una Vida llena de Vida."


FERNANDO MACARRO CASTiLLO (Marcos Ana) nace en Ventosa del Río Almar, una pobre aldea de la provincia de Salamanca, el 20 de Enero de 1921. Sus padres Marcos Macarro y Ana Castilla, son campesinos sin tierra. En 1929 se traslada a Alcalá de Henares, contratados como hortelanos. Marcos tiene 8 años. Asiste poco tiempo a la escuela y aprende sólo a leer y escribir. Debe trabajar, ayudar a su padre en las tareas agrícolas y otras veces, recorrer cortijos y pueblos vendiendo, en un carrito, pequeños artículos: cordeles, herramientas campesinas.En 1936 estalla la sublevación franquista. Marcos Ana tiene 15 años apenas, se va voluntario al frente de Guadarrama en un batallón de milicias. Luego, al formarse el Ejercito Regular, es dado de baja por menor de edad. En Alcalá de Henares, mientras lucha en las labores de retaguardia: La producción, la educación, la preparación premilitar de la juventud, un día recoge el cadáver de su padre de entre los escombros de su casa destruida. A los 17 años se incorpora al Ejercito, en la Octava División. Cuando llega el fin de la guerra, marzo de 1939, con miles de combatientes republicanos es atrapado en el puerto de Alicante, es conducido al campo de concentración de Albatera, donde el hambre, los castigos, el suicidio y las ejecuciones diezman las filas de los prisioneros. Se evade y va a ocultarse en Madrid. Pocos días después es detenido. Era Abril de 1939, tenía 18 años y tres meses. Ya no habría de conocer la libertad hasta 1961, casi a los 41 años de edad. En una comisaría de Madrid, es torturado durante 43 días en forma tal que al ser trasladado a la cárcel de Porlier no puede andar, ni llevarse el alimento a la boca: sus compañeros deben asistirlo como a un recién nacido.Condenado a muerte, espera noches y noches ser sacado al fusilamiento mientras ve marchar hacia la muerte a centenares de hombres. Un día es hallada por los guardias una hoja que circulaba entre los presos alentándoles a mantener la fe, a no desmayar en la terrible adversidad. Marcos Ana se presenta a declararse autor de aquella hoja para evitar el suplicio indagatorio a que se estaba sometiendo a numerosos presos. Es torturado otra vez. Un nuevo consejo de guerra vuelve a condenarle a muerte. Su madre cuando lo supo, perdió el conocimiento y no lo recobró más. Esto sucedía en 1943. Marcos recorre, una tras otra, fatídicas prisiones: la Cárcel del Conde de Toreno (allí estuvo con el poeta Miguel Hernández, muerto después en un calabozo), el Penal de Ocaña, la prisión de Alcalá de Henares y por fin el penal de Burgos, donde pasó 15 años. En todas estas prisiones ha sufrido castigos inauditos. Todo ello sacado de la página:http://www4.loscuentos.net/go.php?url=http://www.elbazardelavida.com/ideas/MarcosAna_poesia_ideas.htmEn Ocaña estuvo 307 días incomunicado; de ellos tres meses en aislamiento total, sin salir del calabozo, sin hablar con alguien, sin andar, tirado sobre el piso que diariamente llenaban de agua sus carceleros. En el Penal de Burgos estuvo nueve meses incomunicado en una celda. Fue en esa celda, hacia 1954, donde nacieron sus primeros poemas ( a los 33 años de edad). Sus compañeros lograron hacerle llegar un pequeño volumen de Antonio Machado. Pudo, sucesivamente. leer a Lope de de Vega, Quevedo, Garcia Lorca, Rafael Alberti, Miguel Hernandez ... Por los mismos caminos inexplicables que llegaron hasta él estos grandes poetas de España, comenzó a llegar a España y al mundo la poesía de Marcos Ana. Una poesía llamando desde un muro, a la fraternidad de un mundo que comenzó a pedir su libertad, fraternidad que se hizo extensiva a todos los presos políticos de España y a todo el pueblo español. En Noviembre de 1961 en respuesta a ese clamor Marcos Ana fue liberado. Había cumplido 23 años de prisión ininterrumpida. Es el hombre que más años estuvo preso por la guerra civil española.







Cuando llevaba 22 años en la cárcel escribió....


Decidme como es un árbol,

contadme el canto de un río

cuando se cubre de pájaros,

habladme del mar,

habladme del olor ancho del campo

de las estrellas, del aire

recítame un horizonte sin cerradura

y sin llave como la choza de un pobre

decidme como es el beso de una mujer

dadme el nombre del amor

no lo recuerdo

Aún las noches se perfuman de enamorados

que tiemblan de pasión bajo la luna

o solo queda esta fosa?

la luz de una cerradura

y la canción de mi rosa22 años, ya olvidé

la dimensión de las cosas

su olor, su aroma

escribo a tientas el mar,

el campo, el bosque, digo bosque

y he perdido la geometría del árbol.

Hablo por hablar asuntos

que los años me olvidaron,

no puedo seguir

escucho los pasos del funcionario.

Mi primer amor.




Una tarde, casi al anochecer, me encontré con un amigo de la infancia, hombre de negocios que, sin participar de mis ideas, me visitó alguna vez en la cárcel de Porlier. Me invitó a dar una vuelta por Madrid y me llevó a conocer algunos cabarés que él seguramente frecuentaba. Yo aparentaba cierta indiferencia, pues salía un poco chapado a la antigua y me parecía que no era demasiado responsable visitar esos lugares. Pero miraba a hurtadillas y se me saltaban los ojos viendo a aquellas mujeres excitantes que deambulaban de un lado a otro provocativamente.
En un momento, mi amigo miró su reloj y me dijo: "Debo marcharme, tengo invitados en casa y se me está haciendo tarde. Dame tu teléfono y nos vemos otro día con más calma". Le di un número falso, pues dada mi situación, pendiente de mi salida clandestina de España, no era prudente establecer ninguna relación.
-Espérame un minuto -me dijo antes de marcharse.
Se perdió en el fondo del salón y volvió con una muchacha preciosa, a la que llamó Isabel. Sin presentármela siquiera, le dio un billete de quinientas pesetas y le dijo: "Toma, para que pases la noche con este amigo".
Era una muchacha delgada y morena, con ojos azules y tan excesivamente joven que en su rostro no había ni la más leve huella de su profesión. Me es muy difícil describir ahora cómo pasé aquel momento, pero lo cierto es que cuando me quedé a solas con aquella mujer hubiera deseado que me tragase la tierra. No sabía cómo comportarme. Ella me dijo con tono indiferente: "Bueno, vámonos". Y yo, confuso y con voz entrecortada, le pregunté: "¿Adónde?". "Pues... al hotel".
-Pero así, ¿sin apenas conocernos? Me gustaría pasear un poco, saber algo más de nosotros...
Era un lenguaje inusual para una prostituta y me miró sorprendida. Y al ver que yo no acertaba a hablar, que me temblaba el cigarrillo en la mano mientras fumaba nervioso, pensó que estaba borracho y me devolvió el dinero. Yo, en lugar de retirar el billete, tomé con mis dos manos la suya: "No, no, si yo quiero ir contigo, me gustas y lo deseo, pero es que para mí todo esto es muy difícil...".
Y balbuceando las palabras, tartamudeando, le conté que acababa de salir de la prisión, que era un preso político, que me habían tenido veintitrés años fuera de la vida, que nunca había estado con una mujer...
Entonces, aquella muchacha, un poco extrañada, dulcificó su rostro, sus ojos me miraron de pronto con afecto, o con piedad, no sé, y me dio una lección de humanidad, con una ternura y comprensión inesperadas.
-Bueno, mira, yo creí que estabas borracho. Ahora cambia todo, y voy a perder hoy contigo unos cuantos servicios esta noche.
Me invitó a cenar, creo que fue en la Torre de Madrid o en un edificio alto de la plaza de España, y viví, entre temblores, las escenas más hermosas e increíbles. Después de cenar seguimos un rato charlando hasta que ella me dijo: "¿Nos vamos ya al hotel?". El problema para mí seguía siendo el mismo; era como cruzar un río desconocido, sin saber nadar, lleno aún de inseguridades. Pero ella, riéndose, me decía: "No te hagas problemas, tú no tienes que preocuparte de nada, lo voy a hacer yo todo".
Y nos fuimos al hotel, donde ella vivía en una habitación alquilada. Todo resultó más fácil de lo que yo temía. El mérito fue de ella. Superé mis inhibiciones, y aquella muchacha, con la mayor sensibilidad y ternura, consiguió que, por primera vez, conociera el amor en una noche inesperada. Después, en vez de dar "la sesión" por terminada, me pidió que me quedase a dormir con ella. Lo dudé un poco: la preocupación de la familia si no volvía a casa, los policías si notaban mi ausencia... Pero era muy difícil renunciar, me quedé y seguimos charlando hasta altas horas de la madrugada.
Por la mañana me despertó con un beso. Traía una bandeja en sus manos. Había bajado a la calle a por churros y chocolate, se sentó en el borde de la cama y desayunamos juntos. Al despedirnos la estreché con la mayor ternura entre mis brazos, con el corazón en la garganta, sabiendo que no la iba a ver nunca más.
Al llegar a casa encontré a mi hermano disgustado por no haberles avisado de que iba a pasar la noche fuera. Mi cuñada, Lola, que había tomado mi chaqueta para cepillarla, sacó de uno de los bolsillos un papel liado como un cigarrillo y me preguntó: "¿Qué tienes aquí, Fernando?".
Un majestuoso ramo de flores
Tomé el papel, en el que venía enrollado el billete que le dio mi amigo y una pequeña nota que decía: "Para que vuelvas esta noche". Al leer aquellas palabras, que me parecía oírlas de su propia voz, volvió a mí la fuerza de la sangre y, estremecido por el deseo, me eché a la calle sin quedarme a comer, aun sabiendo que el local no lo abrirían hasta las ocho o nueve de la noche. Estaba exaltado, nervioso, deseando vivir un nuevo encuentro.
Pero mientras paseaba esperando una hora prudencial para ir al cabaret, me asaltó un pensamiento molesto, que fue tomando cuerpo y que me llenó de confusión y contrariedad: la idea de que iba a romper el encanto de mi primera noche con Isabel. Que al volver y "comprar su cuerpo" con aquel dinero, que además era suyo, sería como tomar conciencia de que era una prostituta y que yo la iba a prostituir aún más, como un cliente cualquiera, y a ensuciar y hacer trizas un hermoso recuerdo que quería y debía conservar con toda su pureza y su ternura.
Pero otra vez me abrasaba el deseo y mi imaginación se encendía recordando la noche que pasamos juntos. Y cuando estaba dudando con esos pensamientos enfrentados pasé por delante de una floristería y casi sin pensarlo, con un impulso instintivo, entré y le dije a la vendedora: "Póngame quinientas pesetas de flores".
La mujer me miró sorprendida: "¿Quinientas pesetas?".
-Sí, sí, quinientas pesetas, escójame las mejores flores.
Empezamos a elegir y formamos un ramo majestuoso, donde se mezclaban las orquídeas con las magnolias y las rosas.
Me parecía inadecuado, ridículo sobre todo, llevárselo al cabaret donde ella trabajaba y ofrecérselo en aquel ambiente. Tomé un taxi, me dirigí al hotel donde pasamos la noche, en la calle Echegaray, y dejé en la recepción el ramo de flores y una sencilla nota que decía: "Para Isabel, mi primer amor".

No hay comentarios: