01 abril 2011

Anabel Caride,



EL BAILE DE LOS VAMPIROS




Cuando quitan las calles y se pone el pijama el currante


rezando a Casimiro,


cuando ponen películas de culto


y se borran las grúas,


vienen los basureros con la banda sonora de su camión discreto


y esa es la señal


convenida.


Ellos abren el féretro.

Realizan el ritual de su fin de semana

y ya no nos recuerdan a quien se duerme en clase


los lunes a primera.


No son como nosotros.


No soportan la luz en las pupilas,


por su sangre circula garrafón y lujuria sin blanco


y no saben la fecha del día del trabajo


porque todos son días en rojo

en su limpio almanaque.


Son los nuevos vampiros de barrio


que de día se camuflan en las gafas de sol,


te dan los buenos días


y fingen aprobar el inglés.


Ésa es su coartada,

la que les da patente de corso


para un viernes ocioso


que olvide los apuntes, la falda tableada,


el cáncer del abuelo y hasta el camino a casa


antes de que coloquen las calles.


Su raza es tan eterna como el mundo:


no aspiran a pagar las pensiones de los muertos en vida,


no quieren cotizar su fracaso en las listas del paro


porque van a asistir al entierro


del mundo que inventamos.


Tal vez lo más sangrante,


lo que no explicarán los pedabobos


es el extraño virus que inoculan,l


as marcas en el cuello


que un día nos descubrimos


creyéndonos inmunes;


cómo nos hacen suyos.


El rostro se nos vuelve macilento


de esperar su llegada sin mirar el reloj


y, cosa sorprendente,


ya no nos queda ajo que poner en la puerta


Foto de Patricia Verdeguer

1 comentario:

Anabel Caride dijo...

Qué bonito, niño. Fdo: LANABÉ