15 diciembre 2011

Pilar Adón


Pilar Adón nació en Madrid en 1971. Se licenció en Derecho por la Universidad complutense, y más tarde se especializó en legislación medioambiental. Narradora y ensayista, con 17 años ganó su primer premio literario en RNE-R3 con un relato breve. En 1995 empezó a publicar relatos en revistas literarias como La Hora Feliz, El Pájaro de Papel y Píntalo de Verde, de Mérida. Como ensayista obtuvo en 1998 el Premio Regenta de Salamanca con Donde Acaba la creencia. En septiembre de ese año participó además en la primera exhibición internacional de poetas contemporáneos de la Universidad St. Thomas de Fredericton, Canadá, con el poema Parábola. En 1999 obtuvo el I Premio Nuevos Narradores Ópera Prima con El hombre de Espaldas, su primera novela. Viaja a Lima, Perú, para participar, en mayo de 2001, en los IV encuentros hispano-peruanos de jóvenes narradores. Es una de las quince jóvenes escritoras seleccionadas por la editorial Castalia para su antología Ni ariadnas ni penelopes. En junio de 2001 participa en la 5ª edición de Libros a la calle, con el primer párrafo de el hombre de espaldas. Su segunda novela, las hijas de Sara, se publica en 2003 y la sitúa en el panorama literario español. Obtiene el segundo Premio Hucha de Oro 2004 con el cuento Oxford. Pilar Adón ejerce la crítica literaria en el suplemento cultural Caballo Verde del diario madrileño La Razón. También en los suplementos culturales Babelia, Eñe, Turia, Müsu… Ha traducido el libro de relatos Parecidos razonables, de Christina Rossetti (Editorial Funambulista, 2006) y la novela El mentiroso, de Henry James (Editorial Funambulista, 2005). En 2006 publica el poemario Con nubes y animales y fantasmas (EH Editores), y forma parte de distintas antologías poéticas: Los jueves poéticos (Ediciones Hiperión), La voz y la escritura (Sial Ediciones), Hilanderas (Ediciones Amargord) o Todo es poesía menos la poesía (Editorial Eneida).




Garantízame una melodía polaca
fabricada de nieve y barro
con gotas de marginalidad.
Ofréceme un viaje de madera
por las vías de un tren en desuso
con verdes mareas y guaridas
habitables.
Cántame como Piaf rota
y luego ocúltame.


No vendas más planos
de pinturas inacabadas,
y deja de perseguir amapolas
por los pasillos encalados que desembocan
siempre
en el mirador.


La sonrisa arrugada de piel mordida
no provoca ya memoria
y tus manos, blancas, de artista expatriada
mendigan tantos méritos,
que los círculos van rotando
en direcciones opuestas.




ecluye con tu genio
la sofisticación de miradas nuevas
y mañana procura salvar del ahogo,
sin súplicas,
a la niña muerta que descansa en todos tus cuadros.











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