más que un miedo luminoso
y una mano que me arrastra
a mi otra
orilla.
Alejandra
Pizarnik
Sentada
está la niña en el recuerdo de la insomne. Sentada y sola, mudísima: sin boca,
sin palabras, con la cicatriz de los silentes en la cerviz. Violenta la memoria
de mujer. No puede nombrarse desde dentro, no sabe morirse ni olvidar. Dientes
fragmentados, lunas en el vientre, y esa voz de agua que no sangra, que murmura
los suicidios de los pájaros, que revienta el luto de las alas en los dedos.
¡Tempestuosa náusea la del viaje hacia el ayer! ¡Oscuros los naufragios en el
alma de la niña! Ya sus ojos van lumbrando las espinas, va tejiendo con la vulva
hilos de pus y vacuidad, va buscando los espejos y la muerte. Pero está sentada,
sentada y sola, mudísima: criatura seducida por el llanto de la noche.


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