Esta
vez no hablo
de
equipajes y añoranzas,
ni
del adiós incierto
que
nos lleva a un
horizonte
de
ensueño o desvarío.
Hablo
del olvido,
zona
neutra
que
nos separa de un vientre
y
nos lanza al desarraigo.
El
exilio.
Abandonar
el puerto
después
que juramos
permanencia,
y
marchar
tras
una voz lejana
que
nos habla del Amor,
ese
otro nombre
de
la
Soledad.

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