28 abril 2013
Félix Gala Pastor
Mi perra y yo salimos de paseo,
estaba la mañana triste y fría;
por las desiertas calles
una brisa del norte se cernía
silbando en las ventanas,
musicando también las celosías.
Allá arriba, en San Pedro, crotoraban
cigüeñas incansables, que vertían
gritos de amor sobre la yerma plaza,
mas en mi aturdimiento, no sentía.
Más de una hora caminando fuimos;
las calles, ateridas, el paso nos cedían,
vacías de personas, como yo
también vacías de vida.
A lo lejos, tañía una campana,
tan sólo por mostrar que Dios vivía,
y era tan triste y débil su tañido
que ni latir mi corazón hacía.
Mi perra se ha parado;
con ojos también tristes ya me mira,
la levanto del suelo, y en mis brazos
se aprieta contra mí, llora y tirita,
como tirito yo, mas no de frío,
que tirita de angustia el alma mía.
¿No lograré arrancar esta tristeza?
¿Conseguiré tal vez batir esta porfía?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario