Me miran mil muertos desde otros ojos.
Acechan mil nombres tras las esquinas.
Hay palabras que se desangran,
tiradas aún por el suelo.
El invierno ha muerto
de ceguera y nostalgia.
Tengo una bestia que ruge aquí adentro,
e intenta escapar por las rendijas.
Palpo un silencio cruel
que insolente me muerde las manos.
Porque hay días en que no es fácil
evitar el verso
con sabor a peligro...


1 comentario:
Soy partidaria de dejar escapar a la bestia de vez en cuando, dejar que se nos salga por las rendijas y lo cubra todo...
aunque quizás es imposible volver a controlarla de nuevo...
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