11 junio 2014

Magda Robles




Qué sabe un corazón de otros latidos...


Me miran mil muertos desde otros ojos.
Acechan mil nombres tras las esquinas.
Hay palabras que se desangran,
tiradas aún por el suelo.

El invierno ha muerto
de ceguera y nostalgia.

Tengo una bestia que ruge aquí adentro,
e intenta escapar por las rendijas.
Palpo un silencio cruel
que insolente me muerde las manos.

Porque hay días en que no es fácil
evitar el verso 
con sabor a peligro...



1 comentario:

Katrina dijo...

Soy partidaria de dejar escapar a la bestia de vez en cuando, dejar que se nos salga por las rendijas y lo cubra todo...

aunque quizás es imposible volver a controlarla de nuevo...