14 julio 2014

Mercedes Gallego



No hay presente.

 Hace tiempo que el tiempo no me espera,
 hace mucho que me equivoqué en ese tiempo
 y las vidas del presente
 son el tiempo que no comprenden mi impaciencia.

 Siempre a dos pasos por detrás,
 en la sombra que observa
 soñando los sueños,
 de los que nunca sueñan.

 Y saber sabiendo, lo que otros esperan,
 se pudre el alma sin caricias de seda.

 Amado sea el tiempo,
 que reposa sin dueño
 el que se para en la mente y nunca regresa,
 el que ven nuestros ojos,
 el que se pierde en la locura
 de los que nunca piensan.

 Y ahora en el tiempo de otros,
 regresa mi tiempo
 con instrucciones ajenas,
 siendo siempre el mismo tiempo,
 en un presente que vuela.

 Así veo el tiempo ajeno
 comiendo de mi tiempo pasado.
 Así veo mi propio tiempo,
 en la necedad de mentes muertas.

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