Recuerdo cuando nuestras
sonrisas fluyeron juntas,
le dimos color a la luna
y desapareció su tristeza.
Compartimos queso y vino
pisado con miradas limpias
y sueños sacados de nuestro pozo.Recuerdo cuando todas las frases
entre nosotros sabían a palo dulce
y helado de fresa,
nuestros relojes marcaban la
misma hora.
Hoy es posible que te encuentre
en cualquier parada de metro
mendigando una sonrisa.
Pero…
ya es tarde y
empieza a anochecer
Del libro: Soledades

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