ME PERDÍ EN EL RAVAL
Me dormí con tu latido
en mi pecho; cuerpo
cansado; pies descalzos,
doloridos de caminos
que sin duda, no han nacido
pulidos para andares
de apuesto calzado.
Pies sin rumbo, perdidos
en un pequeño laberinto
de humildad, deambulan
por el Raval; rincón mundanal
de mi concurrida ciudad.
Allí se respira libertad,
sencillez; es esencia
de hermandad.
Tan sólo con una andadura
rozando la vivacidad
de sus portales, nacen
con sabor a curry versos
vestidos de largas túnicas
y envueltos en variopintos
pañuelos que cubren almas
entregadas al sagrado Coran.
Ese barrio, ese barrio,
es el Raval.
Me perdí en sus calles,
me encontré en la sonrisa
de niños que brindaban
su humilde despertar
iluminado con un alegre
caminar.
Edificios viejos,
calles sucias,
locales bohemios
que reclaman entrar.
Una vieja librería
que se presta a buscar
poesía con la que volar
y volver a mi realidad.
No hay rostros tristes,
ni miradas indagadoras;
algún joven apuntalado,
que balbuceando se acerca
pidiendo la voluntad.
Un té frío , fruta fresca,
carnicerías que exhiben
abundante género,
de reciente matadero
y la concurrida plaza
donde se reúnen
a conversar.
Se respira paz,
hay resquicios
de guerra y sangre
de un pueblo
que en la lejanía
es abatido sin piedad.
Aquí su esperanza
está en el Raval;
el fanatismo y rivalidad,
se contempla a través
de pequeñas pantallas,
con imágenes
de una guerra sin final.
Me perdí una tarde
en el Raval, me sentí
libre , me arropó
su estar y caminar.
Me dormí con tu latido
en mi pecho; cuerpo
cansado; pies descalzos,
doloridos de caminos
que sin duda, no han nacido
pulidos para andares
de apuesto calzado.
Pies sin rumbo, perdidos
en un pequeño laberinto
de humildad, deambulan
por el Raval; rincón mundanal
de mi concurrida ciudad.
Allí se respira libertad,
sencillez; es esencia
de hermandad.
Tan sólo con una andadura
rozando la vivacidad
de sus portales, nacen
con sabor a curry versos
vestidos de largas túnicas
y envueltos en variopintos
pañuelos que cubren almas
entregadas al sagrado Coran.
Ese barrio, ese barrio,
es el Raval.
Me perdí en sus calles,
me encontré en la sonrisa
de niños que brindaban
su humilde despertar
iluminado con un alegre
caminar.
Edificios viejos,
calles sucias,
locales bohemios
que reclaman entrar.
Una vieja librería
que se presta a buscar
poesía con la que volar
y volver a mi realidad.
No hay rostros tristes,
ni miradas indagadoras;
algún joven apuntalado,
que balbuceando se acerca
pidiendo la voluntad.
Un té frío , fruta fresca,
carnicerías que exhiben
abundante género,
de reciente matadero
y la concurrida plaza
donde se reúnen
a conversar.
Se respira paz,
hay resquicios
de guerra y sangre
de un pueblo
que en la lejanía
es abatido sin piedad.
Aquí su esperanza
está en el Raval;
el fanatismo y rivalidad,
se contempla a través
de pequeñas pantallas,
con imágenes
de una guerra sin final.
Me perdí una tarde
en el Raval, me sentí
libre , me arropó
su estar y caminar.


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