20 agosto 2014

Consu Jimenez






ME PERDÍ EN EL RAVAL

Me dormí con tu latido
en mi pecho; cuerpo
cansado; pies descalzos,
doloridos de caminos
que sin duda, no han nacido
pulidos para andares
de apuesto calzado.

Pies sin rumbo, perdidos
en un pequeño laberinto
de humildad, deambulan
por el Raval; rincón mundanal
de mi concurrida ciudad.

Allí se respira libertad,
sencillez; es esencia
de hermandad.

Tan sólo con una andadura
rozando la vivacidad
de sus portales, nacen
con sabor a curry versos
vestidos de largas túnicas
y envueltos en variopintos
pañuelos que cubren almas
entregadas al sagrado Coran.

Ese barrio, ese barrio,
es el Raval.

Me perdí en sus calles,
me encontré en la sonrisa
de niños que brindaban
su humilde despertar
iluminado con un alegre
caminar.

Edificios viejos,
calles sucias,
locales bohemios
que reclaman entrar.

Una vieja librería
que se presta a buscar
poesía con la que volar
y volver a mi realidad.

No hay rostros tristes,
ni miradas indagadoras;
algún joven apuntalado,
que balbuceando se acerca
pidiendo la voluntad.

Un té frío , fruta fresca,
carnicerías que exhiben
abundante género,
de reciente matadero
y la concurrida plaza
donde se reúnen
a conversar.

Se respira paz,
hay resquicios
de guerra y sangre
de un pueblo
que en la lejanía
es abatido sin piedad.

Aquí su esperanza
está en el Raval;
el fanatismo y rivalidad,
se contempla a través
de pequeñas pantallas,
con imágenes
de una guerra sin final.

Me perdí una tarde
en el Raval, me sentí
libre , me arropó
su estar y caminar.



Foto: ME PERDÍ EN EL RAVAL

Me dormí con tu latido
en mi pecho; cuerpo
cansado; pies descalzos,
doloridos de caminos 
que sin duda, no han nacido
pulidos para andares 
de apuesto calzado.

Pies sin rumbo, perdidos
en un pequeño laberinto
de humildad, deámbulan
por el Raval; rincón mundanal
de mi concurrida ciudad.

Allí se respira libertad, 
sencillez; es esencia
de hermandad.

Tan sólo con una andadura
rozando la vivacidad
de sus portales, nacen
con sabor a curry versos
vestidos de largas tunicas 
y embueltos en variopintos
pañuelos que cubren almas
entregadas al sagrado Coran.

Ese barrio, ese barrio,
es el Raval.

Me perdí en sus calles,
me encontré en la sonrisa
de niños que brindaban
su humilde despertar
iluminado con un alegre
caminar.

Edificios viejos, 
calles sucias,
locales bohemios
que reclaman entrar.

Una vieja librería
que se presta a buscar
poesia con la que volar 
y volver a mi realidad.

No hay rostros tristes,
ni miradas indagadoras;
algún joven apuntalado,
que balbuceándo se acerca
pidiéndo la voluntad.

Un té frio , fruta fresca,
carnicerias que exhiben
abundante género, 
de reciénte matadero
y la concurrida plaza
donde se reunen
a conversar.

Se respira paz,
hay resquicios
de guerra y sangre
de un pueblo
que en la lejanía
es abatido sin piedad.

Aquí su esperanza
está en el Raval;
el fanátismo y rivalidad,
se contempla a través 
de pequeñas pantallas, 
con imágenes 
de una guerra sin final.

Me perdí una tarde
en el Raval, me sentí
libre , me arropó 
su estar y caminar.

Consu Jimenez
derechos de autor

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