31 marzo 2019
Eugenia Ruiz Rey
Sábado, de un mes de abril
Sonó el teléfono,
y tú voz dulce me habló,
era como si hubiera parado el tiempo.
Son más de treinta y siete años,
y mi cuerpo temblaba, notando mi sonrojo,
como si tu voz acariciará, mi cuerpo.
Nos separaba, la mar y a pesar de todo,
te sentí, tan cerca,
tú voz parecía besarme y como una niña adolescente,
me volví a ilusionar.
Era sábado, no quería volver a casa
era imposible cruzar la mar,
te sentí tan cerca, y tan lejos.
Ni tú, ni yo, fuimos valientes,
para dar un paso de gigantes,
cruzar el charco
y unir nuestras manos.
Era sábado, a mediodía,
y nuestras vidas siguieron separadas.

29 marzo 2019
Luis Cernuda
Quizá mis lentos ojos no verán más el sur
de ligeros paisajes dormidos en el aire,
con cuerpos a la sombra de ramas como flores
o huyendo en un galope de caballos furiosos.
El sur es un desierto que llora mientras canta,
y esa voz no se extingue como pájaro muerto;
hacia el mar encamina sus deseos amargos
abriendo un eco débil que vive lentamente.
En el sur tan distante quiero estar confundido.
La lluvia allí no es más que una rosa entreabierta;
su niebla misma ríe, risa blanca en el viento.
Su oscuridad, su luz son bellezas iguales.
Mayte Salguero
TE AMO DESDE
Te amo desde mucho antes del principio,
a sangre y a grito sin filtro ni dialecto,
corazón adentro del impulso demandante ,
sin dudar ni preguntarme de que me voy construyendo
Te amo desde el combate a campo abierto,
sin escondrijos ni secretos que no te muestren,
a toda vida y a toda muerte que se precie merecer,
desgarrándome la piel donde me sangre tu suerte.
Te amo desde el abrazo que me sabes y te aprendo,
desde el verbo cuerpo a cuerpo que el poema nos desnuda,
sin permisos que presuman de poderte permitir,
ni cuestión por decidir que a tu vera no conduzca.
Te amo hasta perderme al encontrarme contigo,
desde el largo recorrido de un siempre sincero,
desde el corazón adentro donde llevas mi esencia
y el verbo en coincidencia con el latir en verso.
sin escondrijos ni secretos que no te muestren,
a toda vida y a toda muerte que se precie merecer,
desgarrándome la piel donde me sangre tu suerte.
Te amo desde el abrazo que me sabes y te aprendo,
desde el verbo cuerpo a cuerpo que el poema nos desnuda,
sin permisos que presuman de poderte permitir,
ni cuestión por decidir que a tu vera no conduzca.
Te amo hasta perderme al encontrarme contigo,
desde el largo recorrido de un siempre sincero,
desde el corazón adentro donde llevas mi esencia
y el verbo en coincidencia con el latir en verso.
28 marzo 2019
Ángel González
A veces
Escribir un poema se parece a un orgasmo:
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más en ocasiones.
Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada!
Lo expresaba muy bien Cesar Vallejo:
"Lo digo y no me corro".
Pero él disimulaba.
Clemen Esteban Lorenzo
Eres mi vicio
más
perfecto.
El
fuego vivo
donde
resido.
El
néctar
del
que soy prisionera.
La
locura del festín
en
tu carne.
Ahí,
donde
floto ardiente
al
calor de tu savia.
Ahí,
marcando
el relieve
que
calma mi sed.
Ahí,
tú lo eres todo.
Del libro: Versos de agua.

Carmen Castejón Cabeceira @
ALGUNAS VARIANTES
Hacerse y deshacerse ,con ciertas variantes,
nutrirse de lo escaso y que vale la pena,
nos lo ofrece la vida con su boca callada
en los ojos que vemos
y que a veces nos cruzan.
Muere a cada instante quien no sabe besar
una gota de lluvia
sobre unos labios secos,
y recibirse siempre como lo hacen los pájaros
con el cuerpo extendido hacia el aire.
A veces me he sentido derrumbarme ,
pues no siempre suceden las cosas que intentamos,
entonces busco polen y me embadurno el cuerpo,
todo como un impulso
Y se abre el destino con su cráter inmenso
a germinarme así ante mi asombro.
Imagen :Alicia Savage
27 marzo 2019
José Emilio Pacheco
Gota de lluvia
Una gota de lluvia temblaba en la enredadera.
Toda la noche estaba en esa humedad sombría
que de repente
iluminó la luna.

Anabel Caride
ZOON POLITIKON
El hombre es un animal político.
(Aristóteles)
En este infausto mes hay elecciones,
plebiscitos al cambio de estación,
comicios desayuno, almuerzo referéndums,
meriendo la estadística de voto
que me dice, a las claras, que vote y lo contrario.
Confundo al candidato nacional
con el separatista de las barbas,
a la líder amorfa y populista
con el casposo bizco defensor
de la esencia española, esa entelequia.
Ya mismo me separo de Figueras
que saco el pasaporte en la autovía.
Me da por combinar el flequillo
con orgullo autonómico, anchoas de Cantabria
y llamo «feminazi» a quien cuestione
el Toro de la Vega.
En asuntos locales voy con democristianos,
centristas en la Champions
y apoyo liberales en asuntos de pasta.
Qué pena no tener un carnet de vetusta afiliada
ni puertas giratorias que me lleven al bingo.
Consultaré a Aristóteles
a cuánto sale el voto en época de veda,
si aconseja el soborno,
el exilio dorado en países con ostras
o hacerse hare Krishna, fluir con la galaxia.
En tanto aprendo algo de política
leeré a Baudelaire:
morir lleno de sífilis rezando a Satanás
cuidado por las monjas después de haber vaciado
el cáliz de la noche.
26 marzo 2019
Germán Terrón Fuentes
Creo que siempre llego tarde
al beso,
al abrazo,
al refugio de la soledad…
Y tengo la impresión
de que mi vida se queda a medias,
entre la inocencia y el pecado,
entre la ausencia y el amor.
Y es que la duda,
en este viaje que es la vida,
siempre es mala compañera.
Espero esta vez no equivocarme
ni de vía,
ni de tren,
ni de vagón.
Ana García Briones
Si
llegas de puntillas
en
medio del silencio
y
reconoces mi tristeza
regálame
tu brisa.
Si
ves que no encuentro el norte
en
esta jungla de asfalto
y
llevas la primavera en tus ojos,
regálame
la luz
Si
reconoces mi soledad
y
la niebla me impide ver el horizonte
hazme
prisionera de tu alegría
y
acariáme el alma.
Si
ves que aún tengo alas
para
volar muy alto
déjame
escalar a la cresta de la luna
y
espérame en las nubes
para
gozar entre las amapolas.

25 marzo 2019
Ángeles Mora
EL AYER
Homenaje a Antonio Machado
Estos días azules y este sol de la infancia,
que tan vivos me arañan con la melancolía
de una vieja canción.
Estos días azules, este sol desbordando
las sombras de otro tiempo,
desnuda mis heridas, haciéndolas sangrar.
Pues la mujer que soy sabe que nunca más
volverá aquel inmenso, ancho horizonte
a desplegar su luz.
Pues la mujer que soy
sabe que nunca, nunca, volverá
la fe ciega, la ingenua expectativa
de la niña que añora el porvenir.
Pero a veces ocurre en el recuerdo:
la belleza y la dicha parece que regresan
y lloran de alegría mirándome llegar.
Pero a veces ocurre que me encuentro
besando aquella ardiente rosa de mi pasión.
La vida es desafío, dolor y rabia y lucha.
Sin duda desengaño, también felicidad.
La vida, siempre, siempre,
nos lleva hacia el mañana,
mientras en el bolsillo, con cuidado,
para que no se arrugue,
guardamos el ayer.

volverá aquel inmenso, ancho horizonte
a desplegar su luz.
Pues la mujer que soy
sabe que nunca, nunca, volverá
la fe ciega, la ingenua expectativa
de la niña que añora el porvenir.
Pero a veces ocurre en el recuerdo:
la belleza y la dicha parece que regresan
y lloran de alegría mirándome llegar.
Pero a veces ocurre que me encuentro
besando aquella ardiente rosa de mi pasión.
La vida es desafío, dolor y rabia y lucha.
Sin duda desengaño, también felicidad.
La vida, siempre, siempre,
nos lleva hacia el mañana,
mientras en el bolsillo, con cuidado,
para que no se arrugue,
guardamos el ayer.
Juana Ríos
Ha crecido el trigo sobre el tejado de tu casa,
que ya no es hogar
ni guarda el calor tras las ventanas.
La tristeza es un pañuelo amarillo extendido sobre la mesa,
ángulos perfectos
donde duerme la sal de las lágrimas.
Que no hay un perro tras la cancela
que aúlle tu ausencia,
que el rododendro junto a la acequia olvidó florecer esta primavera,
y las orugas venenosas de las Monarcas
murieron de hambre,
sin llegar jamás a parir la belleza.
Hay un silencio dibujado con ecos
que llueve palabras apagadas
antes de ser incendio.
Hay un viento que huele a tormenta,
huérfanas las uvas de la parra se mecen
sobre las sombras sin cuerpos.
Peces voladores, Huerga y Fierro Editores.
Foto: Marco Zbigniew Parzych
que aúlle tu ausencia,
que el rododendro junto a la acequia olvidó florecer esta primavera,
y las orugas venenosas de las Monarcas
murieron de hambre,
sin llegar jamás a parir la belleza.
Hay un silencio dibujado con ecos
que llueve palabras apagadas
antes de ser incendio.
Hay un viento que huele a tormenta,
huérfanas las uvas de la parra se mecen
sobre las sombras sin cuerpos.
Peces voladores, Huerga y Fierro Editores.
Foto: Marco Zbigniew Parzych
22 marzo 2019
Carmen Castejón Cabeceira ©
Perderse es lo más fácil
es la mayor catástrofe ,
de nuevo lo has logrado,
no te ha costado mucho.
Has vuelto a reincidir ,
te encuentras con la
piedra que te daña
y te partes los pies al
tropezar.
Siempre das con el charco a deshoras ,
desesperadamente, el
engaño te atrapa.
No ajustas a tu tiempo
otros códigos,
reclamas tu derecho a
equivocarte
y esperas la señal que te
dibuje
una clara salida del
laberinto oscuro.
El asco te carcome ,
mientras tanto no
encuentras
ninguna diferencia
entre tu cuerpo solo,
desasistido siempre
y los demás mortales que
conoces
20 marzo 2019
Susan Ene
Pisó calles sombrías
en busca de su recuerdo
El frío quebró sus huesos
Tenía hambre de abrazos
atrasada y arrastrada
desde mil años antes
hasta un siglo después.
Sola, inmersa en el paisaje
formando un calco con el entorno
piel de ángel
la mañana duele
Otro día...
otro año inventa nubes
fabrica sueños
moldea risas
ya no desea espejos
que le devuelvan imagen
¿Para qué?
Tenía hambre de abrazos
Nadie lo supo entender.
formando un calco con el entorno
piel de ángel
la mañana duele
Otro día...
otro año inventa nubes
fabrica sueños
moldea risas
ya no desea espejos
que le devuelvan imagen
¿Para qué?
Tenía hambre de abrazos
Nadie lo supo entender.
José Luis Tobalina Cuerda (1960-2008)
Nada conozco más hermoso que la violencia de tus ingles y sus secretos.
Cobijados entre ellas, el calor,
el olor y
las pasiones
justifican, construyen y me enmudecen.
Resucitada la carne, mis dedos
las recorren,
las circundan,
galopan poseídos por una furia ancestral
cargada de matices y sueños navegables.
Al final del viaje hay un espacio luminoso,
una certeza llena de razones,
el dictado trascendente del tiempo,
alguna que otra derrota,
un oasis de silencio compartido…
y la vida en actitud de latido.
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