02 mayo 2012

Tomas Tranströmer



Durante los meses tristes, centelleó mi vida sólo cuando hice el amor contigo.


Como la luciérnaga se enciende y se apaga, se enciende y se apaga- a medias puede uno seguir su camino

en la noche oscura del olivar.

Durante los meses tristes, estaba el alma desesperada y sin vida

pero el cuerpo caminó directo hacia ti.

El cielo de la noche rugió.

Sigilosamente ordeñábamos cosmos y sobrevivimos.







Tomas Tranströmer


Premio Nobel de Literatura 2011


Lucía Estrada

Cuando la noche se inclina



CUANDO LA NOCHE SE INCLINA
y parece que pronuncia tu nombre,
hundes tus manos en la oscuridad
y buscas a tientas
el cuerpo inabarcable de tu memoria.

Ese pálpito en la punta de los dedos,
la densa respiración de todo cuanto existe,
te obliga a permanecer en la sombra.
Ninguna imagen tiembla en el espejo.
Ninguna superficie se apiada de ti.

Todo está vuelto sobre sí mismo
y nada consigue reflejarte.
Una pausa, y el tiempo detenido cae sobre tu silencio.
Cuántas palabras a punto de oscurecerse bajo tu lengua.
Cuánto deseo en los ojos que se abren por última vez.

Apártate un poco y comprende
que nada podría ser el inicio ni el centro
en este cuarto cerrado,
que todo será dicho de golpe
en medio de la sombra
y muy lentamente.












Nicolás Guillén

Me matan si no trabajo
Me matan, si no trabajo,y si trabajo, me matan;
siempre me matan, me matan
siempre me matan.


Ayer vi a un hombre mirando,
mirando el sol que salía;
ayer vi a un hombre mirando,
mirando el sol que salía:
el hombre estaba muy serio,
porque el hombre no veía.
Ay,
los ciegos viven sin ver
cuando sale el sol,
cuando sale el sol,
¡cuando sale el sol!


Ayer vi a un niño jugando
a que mataba a otro niño;
ayer vi a un niño jugando
a que mataba a otro niño:
hay niños que se parecen
a los hombres trabajando.
¡Quién les dirá cuando crezcan
que los hombres no son niños,
que no lo son,
que no lo son,
que no lo son!

Me matan, si no trabajo,
y si trabajo, me matan:
siempre me matan, me matan,
¡siempre me matan!








Miguel Hernández

Tus cartas son un vino



A mi gran Josefina adorada




Tus cartas son un vino
que me trastorna y son
el único alimento para mi corazón.

Desde que estoy ausente
no sé sino soñar,
igual que el mar tu cuerpo,
amargo igual que el mar.

Tus cartas apaciento
metido en un rincón
y por redil y hierba
les doy mi corazón.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme, paloma,
que yo te escribiré.

Cuando me falte sangre
con zumo de clavel,
y encima de mis huesos
de amor cuando papel.












01 mayo 2012

Amaya Martín.

SIN PALABRAS




Hoy no te escribo yo
...
Solo llego a ti
zigzagueante
en la muda sencillez
de mi lenguaje.

Hoy no me busques aquí..
abriendo el mar de este blanco


Hoy la palabra no es algo
que puedas leer,
que escuches siquiera
gestarse en mis labios.

Hoy que a mi pesar
me sé
limitada en la razón
infinita cuando siento…
estoy aquí
para mirarte.


Mirarte es hoy
¡Mira por donde!..
mi única esperanza,
mi gran prueba de fuego


No me importa el sacrificio


Quiero caer derrotada
cuando me venzan mis ojos


¡No me importa el sacrificio!


Tener que escupir las piedras
de este muro de Berlín
que hace tiempo
nos separa


Lucharé a brazo partido
Para hablarte sin palabras


Ser mujer no me ha servido
..y ser poeta..
tampoco


Seré Dios en mi derrota


Seré Dios
desde mis ojos
inyectados de latidos