01 septiembre 2012
María José Collado
Ya ves, poco he cambiado
Ya ves, poco he cambiado
Me
sigue sorprendiendo el pespunte
de
los gallos, rojo en los amaneceres,
la
exhalación húmeda de la tierra
subiendo
por los pies hasta estremecerme.
No
distingo en la frente de quien habla
el
sello de un origen, la lengua
embadurnada,
monocromática,
será
la miopía que no hace distinciones.
Debajo
de las canas que me crecen,
espigas
albinas, sortilegio de otoño,
está
la fuerza del agua, las raíces,
caudal
siempre rebelde de la sangre.
Abismos,
luz, al límite de las pasiones,
equilibrista
sin red y frágil,
huraña,
provocativa ante los focos.
Son
los vaqueros esa segunda piel,
debajo
un espíritu de agua
contradictorio,
valiente en su timidez.
Nunca
terminan las asignaturas,
el
aprendizaje de ensayo y error,
inquieto
motor contra la rutina.
Borro
la norma exacta de la horca,
la
dosis apropiada a los años,
un
rumbo distinto lleva mi reloj,
sacudo
capas de sombra, resurjo.
Fallan
tus estadísticas, lo siento,
el
molde no se ajusta a tus cálculos,
será
que soy extrañamente clara,
dichosamente
ajena a los números.
Roberta Iannamico
Roberta Iannamico. Poeta argentina. Nació en Bahía Blanca en
1972. Vive en Villa Ventana. Ha publicado varios libros, entre los que se
destacan Mamushkas; El collar de fideos;
El zorro gris, el zorro blanco, el zorro colorado; Tendal, Dantesco y Celeste perfecto. Para chicos escribió
Nariz de Higo, y
adaptaciones de cuentos clásicos infantiles en la colección A leer con
pictogramas. También es coautora de los libros de lectura En patines
1, y Los
libros del Caracol 1, 2 y 3.
LÁGRIMAS
(Tomas Tranströmer)
APUNTES DE FUEGO
Durante los meses tristes, centelleó mi vida sólo cuando hice el amor contigo.
Como la luciérnaga se enciende y se apaga, se enciende y se apaga- a medias puede uno seguir su camino
en la noche oscura del olivar.
Durante los meses tristes, estaba el alma desesperada y sin vida
pero el cuerpo caminó directo hacia ti.
El cielo de la noche rugió.
Sigilosamente ordeñábamos cosmos y sobrevivimos.
Durante los meses tristes, centelleó mi vida sólo cuando hice el amor contigo.
Como la luciérnaga se enciende y se apaga, se enciende y se apaga- a medias puede uno seguir su camino
en la noche oscura del olivar.
Durante los meses tristes, estaba el alma desesperada y sin vida
pero el cuerpo caminó directo hacia ti.
El cielo de la noche rugió.
Sigilosamente ordeñábamos cosmos y sobrevivimos.
(Joan Margarit)
Ha apoyado la frente en el
cristal
frío, empañado, con trasluz de invierno.
Escribe el nombre de ella y, a través
de las líneas que traza con el dedo,
la ha visto en un paraje solitario
con el mar y las rocas en la noche.
Al fondo, las estrellas: de pronto, las gaviotas
alzan el vuelo como un resplandor
al paso de un falucho. Se ha engañado:
detrás de la ventana hay una calle
que el alba hace más triste, sin un alma,
con coches aparcados.
Tras las líneas comienza a amanecer:
el sol naciente borrará ese nombre
en la escarcha rosada del cristal.
frío, empañado, con trasluz de invierno.
Escribe el nombre de ella y, a través
de las líneas que traza con el dedo,
la ha visto en un paraje solitario
con el mar y las rocas en la noche.
Al fondo, las estrellas: de pronto, las gaviotas
alzan el vuelo como un resplandor
al paso de un falucho. Se ha engañado:
detrás de la ventana hay una calle
que el alba hace más triste, sin un alma,
con coches aparcados.
Tras las líneas comienza a amanecer:
el sol naciente borrará ese nombre
en la escarcha rosada del cristal.
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