03 agosto 2015

Eladio Orta,




mercedes tiene las piernas suaves como el coral
cuando le hago cosquillas en el manillar
se le humedece el piñón


mercedes es mi vida
con ella voy a todas partes

menos a cama -desgraciadamente-
pero que conste: más de una vez
nos hemos duchado juntos
y hemos insultado al conductor
que nos ha encharcado de agua hasta el cuello

cuando mercedes se ausenta
por un simple resfriado
o por un insignificante dolor de cabeza
o por un imprevisto pinchazo
la echo tanto de menos
que le escribo poemas
como a mis amores platónicos


mercedes lo es todo en mi existencia
igual me lleva de paseo
como me insiste
para que no llegue tarde
a una reunión
y hasta cuando llueve
me advierte
que no debo salir de casa


mercedes es un sol
me gustaría vivir con ella eternamente
espero que la columna no me lo impida
o que el ojo izquierdo no termine
con un parche pirata
y me retiren el carnet de ciclista




mercedes te quiero
no abandones a este postperdedor

Alejandra Peart,




Soñada




Me despierta el miedo
del presentimiento
que tal vez todo esto
sea sólo un sueño
tuyo.

Blanca Varela,



Tal vez en primavera...


Tal vez en primavera.
Deja que pase esta sucia estación de hollín y lágrimas
hipócritas.
Hazte fuerte. Guarda miga sobre miga. Haz una fortaleza
de toda la corrupción y el dolor.
Llegado el tiempo tendrás alas y un rabo fuerte de toro o
de elefante para liquidar todas las dudas, todas las
moscas, todas las desgracias.
Baja del árbol.
Mírate en el agua. Aprende a odiarte como a ti mismo.
Eres tú. Rudo, pelado, primero en cuatro patas, luego en
dos, después en ninguna.
Arrástrate hasta el muro, escucha la música entre las
piedrecitas.
Llámalas siglos, huesos, cebollas.
Da lo mismo.
Las palabras, los nombres, no tienen importancia.
Escucha la música. Sólo la música

02 agosto 2015

Sara Zapata




DE LA RESIGNACIÓN Y SU ENTRENAMIENTO


Nos van preparando.
De vez en cuando el sistema
nos pone a prueba
como a ese niño al que se le distrae
con un pez volador
antes de ponerle la inyección.
Son pequeños gestos sin demasiada importancia
como colocar policías municipales
en las glorietas en hora punta,
provocar retrasos en los trenes
a las 7 de la mañana,
fallos en la retransmisión de un partido de fútbol trascendental
(para el que lo sea)...
Pequeños retos sin importancia
que provocan quejas,
algún que otro insulto,
culos removiéndose inquietos en sus asientos...
Hasta que llega el plato fuerte,
el dolor de muelas sin analgésico,
la ciática social,
y nos recortan las ayudas sociales,
nos suben los impuestos,
nos quitan la palabra
(si Blas de Otero levantara la cabeza)
hunden al dependiente en la plena dependencia...
Y sonríen, asienten,
se palmean las espaldas.
Todo en orden.
El rebaño, sigue dormido.

Pedro Javier Martín Pedrós.




En aquella ocasión, me encontraba a pie de playa,
era un miércoles de Agosto al medio día,
con un calor insoportable, del que me refugiaba
en mi vieja sombrilla, cómplice de tantas historias…
Tenía entre mis manos el libro «Fe de erratas «
De José María Parreño, perteneciente a la colección
Puerta del Mar, abierto en la página 75
de esta edición donde leía un poema que empieza…:
«De entre todas las cosas
amo las desgastadas,
las que el tiempo decora con cambios y con
pérdidas.»
A lo lejos empiezo a recibir un sonido
como una voz, cascada en soporte de
megáfono de mano, que se acerca lentamente,
me voy esforzando en descifrar su mensaje, que dice:
¡Oiga, llevo la patata, la botella de agua, el
acuárium, la coca-cola, la cerveza fresquita!
Insiste una y otra vez, casi seguido. Ya frente a mí:
¡Oiga, llevo la patata, la botella de agua!…
una y otra vez.
Recibo la imagen de un joven de raza gitana,
descamisado, con sombrero de paja y
carrillo de obra viejo.
Su mercancía situada ordenadamente para dejar espacio
a un altavoz de mano a pilas,
cuya grabación repetitiva solo desconecta
cuando se le acerca un cliente.
Entretenido con esta imagen continúo
leyendo el poema de Parreño:
«El tiempo las corrige,
las dispone para su verdadero cometido,
las detiene invisibles de
tanto ser miradas…»
Doy un salto en mi mente y sin
darme cuenta,
me pregono en mi interior
con infinita timidez:
¡Oiga, llevo el mar, la sonrisa!
el azul, el abrazo, la poesía, la patata!
¡Oiga, llevo el mar, la sonrisa,
el azul, el abrazo, la poesía, la patata!

Del libro " Sin dejar señales "